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En un entorno marcado por el cambio climático, la presión sobre los recursos naturales, las transformaciones sociales y una creciente expectativa de transparencia por parte de inversionistas, reguladores y grupos de interés, las organizaciones enfrentan el desafío de comprender cómo los factores ambientales, climáticos y sociales pueden afectar su capacidad para generar valor en el largo plazo. Lo que hasta hace algunos años era considerado una discusión asociada principalmente a sostenibilidad, hoy se ha convertido en un elemento central de la estrategia y la gestión de riesgos evidente en las mejores prácticas empresariales y, en algunos casos, exigido por la regulación.
La creciente adopción de marcos internacionales como TCFD, TNFD, IFRS S1 y S2, GRI, ISO 14001, los Principios de Ecuador y los lineamientos impulsados por organismos como NGFS, IFC, Basilea o la EBA refleja una tendencia global: las organizaciones reconocen la necesidad de identificar, medir y gestionar los riesgos y oportunidades ambientales, climáticos y sociales como parte integral de su estrategia y como un lente para analizar su modelo de negocio. Si bien en algunos mercados, sectores y geografías se observa una implementación regulatoria más gradual o ajustes en los calendarios de adopción, esto no reduce la relevancia estratégica del tema, por el contrario, los impactos asociados a estos factores continúan materializándose y afectando el desempeño de las diferentes industrias.
En la práctica, los riesgos ambientales, sociales y climáticos abarcan un amplio conjunto de variables. En la dimensión social, incluyen posibles afectaciones a comunidades, reasentamientos, conflictos sociales, impactos sobre pueblos étnicos o poblaciones vulnerables y alteraciones del orden público. En la dimensión ambiental, comprenden riesgos relacionados con la pérdida de biodiversidad, la deforestación, la degradación de los suelos, la gestión de residuos, la contaminación y el uso de los recursos naturales. Por su parte, los riesgos climáticos abarcan tanto los riesgos físicos derivados de sequías, inundaciones, calor extremo y eventos meteorológicos severos como los riesgos de transición asociados con cambios regulatorios, tecnológicos, reputacionales y de mercado propios de la evolución hacia una economía más sostenible y baja en carbono.
Reconocer que dichos factores tienen la capacidad de generar efectos materiales sobre sus modelos de negocio es el primer paso; sin embargo, identificar cuáles de estos factores son realmente relevantes para cada entidad es la clave. La respuesta no es uniforme, pues realmente depende de la naturaleza de la operación, la ubicación geográfica de los activos, las características de la cadena de suministro, la dependencia de recursos naturales y la interacción con comunidades y grupos de interés. Precisamente por esa amplitud, resulta fundamental delimitar con claridad el perímetro de análisis, de modo que el ejercicio de identificación sea, ante todo, gestionable (proporcional a la capacidad de la entidad) y esté efectivamente orientado a lo que resulta clave para cada organización (relevante y material).
| Ahora bien, la importancia de gestionar estos riesgos resulta especialmente relevante en países como Colombia, donde convergen condiciones ambientales diversas, alta biodiversidad, fenómenos climáticos con impactos crecientes y desafíos sociales que pueden materializarse de manera diferencial entre regiones. | Latinoamérica tiene una gran riqueza ecosistémica y social, pero se enfrenta a condiciones de vulnerabilidad que deben ser consideradas por las empresas. La georeferenciación y el uso de herramientas cartográficas se convierten en capacidades esenciales para visualizar riesgos, identificar concentraciones y fortalecer los procesos de toma de decisiones en el país y en toda la región. |
Una vez se han logrado identificar los riesgos materiales es necesario establecer conexiones entre los factores externos que generan riesgos y variables concretas del negocio. Es decir, traducir eventos ambientales, climáticos o sociales en afectaciones potenciales sobre ingresos, costos, rentabilidad, continuidad operativa, acceso a financiamiento o reputación corporativa. El desafío radica en que estos factores suelen actuar de forma sistémica, es decir, no afectan un único riesgo, sino que son capaces de amplificar la exposición que las entidades tienen en otras categorías de riesgos tradicionales que conocemos, como el riesgo de crédito, mercado, operacional, entre otros, de forma simultánea.
Esta lectura puede variar considerablemente según el sector y la geografía en la que se opera. Así, para una entidad del sector real cuya operación genera gases de efecto invernadero resulta más evidente identificar la conexión entre este factor climático y la operatividad diaria del negocio: transformación de la operación para reducir emisiones y costos en el mediano plazo, o enfrentarse a un posible impuesto a la generación de tales emisiones. En contraste, para la banca esa conexión es menos directa ya que el impacto debe analizarse a través de canales de transmisión, por ejemplo, en factores como inundaciones o sequías puede afectar el ingreso y, por lo tanto, la capacidad de pago de los clientes. Como es evidente, no existe una fórmula única: comprender estas rutas de transmisión es una condición indispensable para incorporar los factores ambientales, climáticos y sociales dentro de un sistema integral de gestión de riesgos, y no como otro sistema de administración adicional.
Una vez dimensionados los riesgos, el paso siguiente es establecer el nivel de exposición y su afectación sobre la entidad para poder realizar priorización sobre acciones a desarrollar. Así, la medición se convierte en un factor diferenciador entre organizaciones que apenas comienzan y aquellas que ya toman decisiones estratégicas con base en los datos. Tradicionalmente, muchas entidades han partido de ejercicios de priorización presentados en mapas de calor, útiles para jerarquizar exposiciones, y otras han avanzado en el uso de indicadores centrados en exposición o composición de activos que suelen estar más encaminados a indicadores de comportamiento (KPIS), por ejemplo, la medición de la participación de operaciones altamente expuestas a riesgos ambientales. Por su lado, las organizaciones más maduras se están apoyando en las mejores prácticas internacionales para migrar progresivamente hacia métricas orientadas al riesgo, capaces de estimar pérdidas potenciales con un nivel de confianza, valores que pueden ser contrastados con el apetito de riesgo para tomar decisiones.
La información que brinda cada métrica utilizada para gestionar este tipo de riesgos es distinta, y varía significativamente en su nivel de sofisticación. Entre estas alternativas, comienza a tomar fuerza el uso de métricas como valor de la naturaleza en riesgo (NVaR, por sus siglas en inglés) y valor climático en riesgo (CVaR, por sus siglas en inglés), para las cuales PwC Colombia provee las primeras aproximaciones ajustadas a la lógica particular de cada negocio incorporando criterios probabilísticos y sentando las bases para avanzar posteriormente hacia modelos cada vez más maduros. Estos modelos permiten al final del día cuantificar, de manera aproximada, las pérdidas potenciales derivadas de la materialización de eventos climáticos o relacionados con la naturaleza bajo diferentes escenarios, por ejemplo. Los resultados obtenidos pueden contrastarse con el comportamiento observado de variables de riesgo, permitiendo ajustar y calibrar progresivamente los supuestos, metodologías y niveles de precisión de los modelos.
Allí es clave mencionar que la incertidumbre sigue siendo elevada durante los ejercicios de modelamiento actuales, los datos históricos no siempre son suficientes o su consecución resulta en una operatividad importante y muchas variables requieren la incorporación de supuestos especializados. Sin embargo, esta complejidad no debe interpretarse como una limitación para actuar, sino como una invitación a desarrollar procesos iterativos de modelamiento que evolucionen y mejoren en la medida en que se fortalece el conocimiento institucional y el ecosistema de datos alrededor de estos factores de riesgo.
Como se mencionó antes, precisamente por su carácter externo y transversal, los factores ambientales, sociales y climáticos funcionan muy bien como elemento articulador para el resto de los riesgos de la organización. La dificultad radica en tomarse el tiempo necesario para establecer esas conexiones; sin embargo, una vez que se logra, este tipo de factores se convierte en la aplicación perfecta para empezar a construir escenarios de estrés sobre los estados financieros. Bajo esta lógica, se plantea cómo factores externos pueden afectar variables macroeconómicas o, de forma directa, variables y cuentas propias de la entidad, para luego revisar sus impactos en indicadores de solvencia, liquidez, rentabilidad y, en general, de riesgo. La única forma de que esta gestión se vuelva verdaderamente manejable y genere repercusión en las discusiones de juntas directivas y alta dirección es estableciendo una conexión real con los impactos financieros y traduciéndola en una asociación explícita con la estrategia y las finanzas de la organización.
Algunos de los asuntos más importantes y recurrentes que debes tener en cuenta al gestionar riesgos ambientales, sociales y climáticos en entidades de diversos sectores incluyen:
Sin embargo, concentrar la discusión exclusivamente en los riesgos sería un error. La adopción de una mirada estratégica permite identificar también oportunidades relevantes para el negocio. Organizaciones que fortalecen su resiliencia, incorporan objetivos ambientales y sociales en sus procesos de decisión y anticipan las transformaciones derivadas de una economía más sostenible pueden acceder a nuevas fuentes de crecimiento, innovación y diferenciación competitiva.
Las organizaciones que logran conectar estos análisis con sus decisiones estratégicas cuentan con una ventaja fundamental: transforman información compleja en acciones concretas. En muchos casos, esto es precisamente lo que les permite dejar de operar de manera reactiva; respondiendo a los riesgos solo cuando ya se han materializado; para adoptar una postura mucho más estratégica y anticipatoria. Así, dejan de gestionar amenazas abstractas y comienzan a construir hojas de ruta basadas en evidencia, priorizar inversiones, fortalecer su resiliencia y orientar sus decisiones hacia la creación de valor sostenible de largo plazo.
En conclusión, la gestión de riesgos ambientales, climáticos y sociales está evolucionando rápidamente desde un enfoque centrado en cumplimiento y sostenibilidad hacia una disciplina estratégica con implicaciones directas sobre la resiliencia, el desempeño y la generación de valor de las organizaciones. Independientemente del sector económico, comprender la materialidad de estos factores, establecer conexiones con las variables del negocio y desarrollar capacidades progresivas de medición y monitoreo son pasos fundamentales para fortalecer la toma de decisiones en un entorno cada vez más complejo e incierto.
Nuestro enfoque se centra en comprender a fondo las particularidades de tu organización, con el fin de diseñar soluciones a la medida que te permitan cumplir con los lineamientos regulatorios o estratégicos, fortalecer la gobernanza ambiental, social y climática, y gestionar de manera efectiva los riesgos asociados a tu operación. En concreto:
Te apoyamos en procesos integrales de identificación de riesgos, incluida la definición de temas materiales y relevantes según su impacto potencial en tu negocio. Fortalecemos estos procesos mediante sistemas de información geográfica (SIG), que te permiten localizar la exposición, cruzar variables territoriales e identificar dónde se concentran los riesgos. Así, enriquecemos el análisis de materialidad con evidencia geoespacial para que tomes mejores decisiones.
Desarrollamos contigo modelos robustos de medición de riesgos, incluidas nuestras metodologías de NVaR y CVaR, y te ayudamos a integrar estos riesgos en modelos de escenarios más maduros.
Ponemos a tu disposición herramientas automatizadas de monitoreo para que hagas un seguimiento continuo de la exposición y la evolución de los riesgos ambientales, climáticos y sociales.
Fortalecemos las capacidades de tus equipos de riesgos, sostenibilidad y finanzas, te ayudamos a generar sinergias entre ellos y te acompañamos en el diseño y consolidación de tus estructuras de gobernanza.
Combinamos estándares internacionales, metodologías analíticas propias y conocimiento sectorial para ayudarte a transformar la gestión de riesgos ambientales, climáticos y sociales en una ventaja competitiva sostenible.
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