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A más de un año de la implementación de los lineamientos de la Superintendencia Financiera de Colombia (SFC) sobre el Riesgo de Tasa de Interés del Libro Bancario (RTILB), las entidades financieras se encuentran en un punto de inflexión: quienes se limitan al cumplimiento mínimo están perdiendo la oportunidad de transformar este riesgo en una ventaja competitiva.
Este artículo analiza los elementos esenciales de una gestión interna proactiva del RTILB —gobernanza, herramientas, análisis y cobertura— y plantea por qué contar con un modelo de gestión alternativo, robusto e independiente del estándar regulatorio, se ha convertido en una necesidad estratégica para las entidades del sector. Asimismo, anticipa los retos que traerán las exigencias de convergencia hacia Basilea, contempladas en el PAC y el PAL de la SFC para 2028 y 2029.
En junio de 2022, la SFC emitió la Circular Externa 025, que adoptó en Colombia los principios para la Gestión y Supervisión del Riesgo de Tasa de Interés del Libro Bancario, originalmente publicados por el Comité de Basilea en 2016. Esta normativa obliga a las instituciones financieras colombianas a identificar, medir, monitorear, controlar y reportar su exposición al RTILB, es decir, el riesgo de que los movimientos en las tasas de interés deterioren el valor económico del patrimonio (VEP) o compriman el margen neto de interés (MNI).
El marco regulatorio no surgió en el vacío. Entre 2022 y 2024, Colombia experimentó uno de los ciclos de tasas más pronunciados de su historia reciente: la tasa de política monetaria del Banco de la República escaló hasta el 13,25 %, el nivel más alto en más de dos décadas. A nivel global, el Banco de Pagos Internacionales (BIS) documentó cómo este entorno de alzas rápidas generó tensiones significativas en los balances bancarios de múltiples jurisdicciones, un recordatorio inequívoco de que el RTILB mal gestionado puede ser una amenaza sistémica.
Cumplir la norma es necesario, pero insuficiente. La experiencia internacional lo ilustra con claridad: el Fondo Monetario Internacional advirtió en su Global Financial Stability Report de 2023 que numerosas instituciones que reportaban adecuadamente su RTILB carecían, sin embargo, de mecanismos internos para traducir esas métricas en decisiones de negocio oportunas. El resultado fue una brecha entre cumplimiento formal y resiliencia real.
La Autoridad Bancaria Europea (EBA), en sus directrices actualizadas sobre gestión del RTILB, y el Banco Central Europeo han identificado como prioridad supervisora precisamente esa desconexión: entidades que entregan los formatos regulatorios correctamente pero que no usan la información generada para influir en su fijación de precios, gestión del balance o estrategia comercial.
Una gestión interna proactiva del RTILB permite, en cambio, que la institución anticipe movimientos de tasas, proteja su margen financiero y tome decisiones calibradas sobre productos, plazos y estructuras de fondeo. El riesgo, gestionado con inteligencia, deja de ser un costo de cumplimiento y se convierte en un diferenciador competitivo.
El modelo estándar exigido por la SFC provee métricas de referencia comparables entre entidades, pero no está diseñado para capturar las particularidades de cada negocio: mezcla de portafolio, comportamiento diferenciado de los clientes, estrategia comercial, ni los supuestos específicos de su plan de negocio.
Un modelo alterno, desarrollado, validado y operado internamente con el acompañamiento de expertos, permite a la entidad ir un paso más allá: simular escenarios propios, calibrar supuestos de comportamiento con datos propios y obtener una visión de riesgo que refleja fielmente su realidad operativa. Y la apuesta no es solo de gestión interna: la misma normativa colombiana abre la puerta a que ese modelo incluso llegue a reemplazar al estándar.
Del modelo alterno a la no objeción supervisora: el estándar es el piso, no el techo. La norma es explícita: las entidades pueden presentar modelos internos para no objeción de la SFC. Un modelo que obtenga esa no objeción no coexiste con el estándar regulatorio: lo reemplaza. Esto significa que la entidad gestiona y revela su RTILB con base en su propia metodología, validada y reconocida por el supervisor. Es el nivel más alto de madurez en la gestión de este riesgo, y el que mayor autonomía estratégica otorga a la institución para tomar decisiones de balance, cobertura y fijación de precios sobre métricas que realmente reflejan su negocio.
Este camino ya no es teórico en Colombia. La trayectoria reciente de la regulación emitida por la SFC apunta en una misma dirección: el desarrollo de modelos internos propios para la gestión de cada entidad, en lugar de metodologías únicas aplicadas a todo el sistema. El regulador está construyendo, de forma deliberada y consistente, un sistema financiero donde la solidez de cada entidad depende de la calidad de su propio modelo de gestión. La pregunta ya no es si construir esa capacidad interna, sino cuándo y con qué nivel de sofisticación hacerlo.
Uno de los hallazgos más recurrentes en las revisiones de gestión del RTILB, tanto en Colombia como en otras jurisdicciones, es la limitada apropiación del riesgo por parte de la alta dirección. La gestión efectiva de este riesgo no puede delegarse enteramente a las áreas de Tesorería o Riesgos; requiere que la Junta Directiva fije el apetito de riesgo, supervise activamente las estrategias de mitigación y garantice que las decisiones de negocio estén alineadas con el perfil de riesgo que la entidad ha decidido asumir.
Las directrices del Comité de Basilea son explícitas al respecto: el gobierno corporativo del RTILB debe incluir el establecimiento de límites internos, políticas aprobadas al máximo nivel y una revisión periódica de supuestos clave por parte de la dirección. Una Junta que comprende el RTILB, sus indicadores, sus vectores de riesgo y sus implicaciones en la rentabilidad, es una Junta capaz de desafiar constructivamente las propuestas de gestión y de proveer los recursos necesarios para una gestión robusta.
Esto implica también una cultura de riesgo transversal: desde los equipos comerciales que estructuran los productos hasta las áreas de planeación que proyectan el balance. Cada decisión de negocio, un nuevo producto de captación a tasa fija, un esquema de crédito variable, una operación de fondeo a largo plazo tiene un impacto directo en el perfil de RTILB de la entidad, y los responsables de tomarla deben ser conscientes de ello.
Contar con las herramientas adecuadas es fundamental, aunque no suficiente, para una gestión interna robusta del RTILB. Los sistemas de información gerencial deben ser capaces de consolidar datos provenientes de múltiples fuentes: balances contables, características detalladas de los productos (plazos, tasas, opcionalidades), proyecciones del plan de negocio y datos de mercado vigentes y prospectivos.
El análisis del RTILB debe abarcar, como mínimo, seis dimensiones complementarias:
Análisis comparativos de prácticas RTILB en instituciones europeas han documentado que las entidades con sistemas de modelización más sofisticados lograron respuestas de balance significativamente más ágiles durante el ciclo de alzas de tasas de 2022-2023, con impactos materialmente menores en su VEP y mayor estabilidad en su MNI frente a pares menos preparados.
La mitigación del RTILB puede lograrse a través de dos vías principales: la cobertura explícita mediante instrumentos derivados, y la gestión estructural del balance. Ambas son complementarias y deben estar integradas en la estrategia global de la entidad.
Los derivados de tasa de interés —Interest Rate Swaps (IRS, por sus siglas en inglés), caps, floors, opciones sobre tasas— permiten transformar la exposición a tasa fija en tasa variable (o viceversa), modificando el perfil de reprecio del balance sin alterar la estructura de los productos subyacentes. Sin embargo, su implementación exige políticas claras de cobertura, límites de riesgo bien definidos y una comprensión profunda de la contabilidad de coberturas (NIIF 9) y sus implicaciones en la evaluación de eficacia.
La gestión estructural del balance, consistencia entre las duraciones y fechas de reprecio entre activos y pasivos, es una forma intrínseca y, frecuentemente, más eficiente de mitigar el riesgo. El Banco de la Reserva Federal de Nueva York ha documentado que las entidades con mayor alineación estructural de sus balances mostraron valoraciones de capital más estables en entornos de tasas al alza.
La clave está en que estas decisiones, cobertura o restructuración de balance, se tomen sobre la base de métricas internas confiables, no únicamente de los indicadores regulatorios estándar. Aquí radica la diferencia entre una gestión reactiva y una gestión estratégica del RTILB.
La Circular Externa 021 de 2025 de la SFC introduce un nuevo escalón en la madurez regulatoria del sistema financiero colombiano: los Procesos de Autoevaluación de Capital (PAC) y de Liquidez (PAL). Estos procesos, de naturaleza estrictamente interna, obligan a cada entidad a desarrollar sus propias metodologías, políticas y procedimientos para evaluar si sus niveles de capital y liquidez son adecuados frente a los riesgos reales que asume, considerando su naturaleza, tamaño, perfil de riesgo y plan de negocio. En esencia, recogen los lineamientos del Pilar 2 del Comité de Basilea (BCBS) y van mucho más allá del cumplimiento de ratios regulatorios mínimos.
La conexión con el RTILB es directa e ineludible: el Capítulo XXXI de la CBCF ya exige que la gestión del riesgo de tasa de interés del libro bancario sea parte integral del proceso de evaluación de suficiencia de capital. El PAC profundiza esta exigencia: la entidad deberá demostrar que sus modelos internos de RTILB —sus supuestos de comportamiento, sus escenarios de estrés y sus métricas de VEP y MNI— alimentan de forma coherente y documentada la evaluación de cuánto capital necesita para cubrir ese riesgo. Sin un modelo interno robusto de RTILB, el PAC no puede construirse sobre bases sólidas.
El plazo no es lejano: a más tardar el 31 de octubre de 2026, las entidades vigiladas deben remitir a la SFC un plan de implementación con cronograma mensual, entregables, responsables y análisis de impactos tecnológicos y operativos. Las entidades que lleguen a esa fecha sin una base sólida de gestión interna del RTILB enfrentarán una doble presión: cumplir el PAC y remediar simultáneamente las deficiencias en su modelo de gestión del RTILB.
En PwC Colombia contamos con la experiencia y el equipo especializado para acompañarte en este camino: desde el diagnóstico de la gestión actual del RTILB hasta el diseño, implementación y validación de modelos internos robustos, la preparación de la gobernanza y la anticipación de los requerimientos del PAC y el PAL.
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