Usar la inteligencia artificial (IA) para generar valor en el ámbito empresarial aún es un reto, sin embargo, es posible vislumbrar cómo esta tecnología puede reinventar modelos operativos y de negocio de manera innovadora y, con ello, un impacto en la estrategia, operaciones, talento, confianza, arquitectura tecnológica y sostenibilidad.
Existe evidencia suficiente para establecer benchmarks, evaluar el desempeño e identificar los factores que impulsan la creación de valor en el negocio, así como en áreas específicas como en finanzas y fiscales. Estas herramientas permiten a las organizaciones avanzar hacia una mayor agilidad y crecimiento sostenido.
Sin embargo, ¿por qué solo unas pocas empresas logran un crecimiento real en ingresos o un retorno de inversión (ROI)? Con base en nuestra experiencia en el mercado, observamos que las organizaciones dispersan sus esfuerzos en pequeños intentos, y aunque la IA parece sencilla al principio, los primeros éxitos pueden esconder retos serios. Para lograr resultados tangibles, hay que identificar áreas clave donde la IA beneficie al negocio y ejecutarlas con disciplina desde el liderazgo, pues el éxito inicial permite que el resto de la organización se sume.
Nuestras predicciones en inteligencia artificial se basan en experiencia real y se enfocan en tener un impacto práctico, para que puedas diseñar una estrategia coherente y convertir tus ambiciones de IA empresarial en valor de negocio que ayude a reinventar el modelo de negocio y operativo.
Un error común en las empresas al implementar la inteligencia artificial es que en lugar de que el liderazgo defina las prioridades con un programa top-down, adoptan un enfoque bottom-up, recopilando iniciativas dispersas que después intentan articular como estrategia. El resultado son proyectos desalineados con las prioridades de la empresa y que son ejecutados sin rigor y que casi nunca generan una transformación real.
El crowdsourcing de iniciativas de IA puede inflar las métricas de adopción, pero rara vez produce resultados de negocio significativos.
Para 2026, se espera que más empresas adopten una estrategia de IA dirigida desde la alta dirección, seleccionando procesos clave para maximizar el retorno. Estos programas suelen operar en un área de IA centralizado, donde se integran tecnología, evaluación de casos, pruebas y equipos especializados. Así, los objetivos de negocio y las capacidades de IA se conectan para identificar las mejores oportunidades.
Considera que los agentes de IA podrían automatizar tareas complejas más allá del análisis. Tienen alto potencial en áreas como sensibilidad en la demanda, prospección, hiper personalización, diseño de producto y funciones de finanzas, recursos humanos, TI, fiscal y auditoría interna.
Existe una justificada exigencia de resultados concretos para las inversiones en inteligencia artificial, cada recurso destinado debe traducirse en beneficios medibles que aporten valor al negocio.
No obstante, observamos en el mercado que numerosas implementaciones de agentes realizadas durante el último año no han logrado ofrecer resultados significativos. Esto podría deberse a que los agentes no se utilizaban de manera relevante y, en múltiples ocasiones, no era posible presentar ejemplos de generación de valor por parte de dichos agentes.
Esperamos que eso cambie en 2026. Hoy ya es claro cómo se ve una implementación de agentes de IA, con proof points y benchmarks que miden valor real para el negocio, ya sea financiero, operativo o relacionado con la fuerza laboral y la confianza.
Nuestra perspectiva es que, en lugar de iniciativas aisladas, opera desde una plataforma centralizada de despliegue y supervisión, con una biblioteca compartida de agentes, plantillas y herramientas. Antes de cada despliegue, los agentes se prueban, se ajustan y se validan mediante demos funcionales que permiten a los usuarios experimentar, dar retroalimentación y generar confianza.
Los agentes se despliegan como parte de flujos de trabajo completamente nuevos, con roles claros para la intervención humana, la revisión y la supervisión, y con personas capacitadas y con incentivos para trabajar con ellos y ejercer un control.
El monitoreo integrado incluye agentes que verifican el trabajo de otros agentes, y en escenarios de mayor riesgo, estos provienen de distintos proveedores de modelos.
Es importante destacar que, como los agentes pueden documentar automáticamente sus decisiones y acciones, el monitoreo continuo resulta clave para rastrear la adopción y el desempeño, corregir errores con rapidez y generar confianza entre las partes interesadas.
Los agentes aún son imperfectos, como suele ocurrir con toda tecnología emergente, sin embargo, ahora que las empresas saben cómo avanzar, con implementaciones focalizadas y centralizadas guiadas por benchmarks, durante este año se podría marcar el momento en que los agentes demuestren su verdadero potencial.
La inteligencia artificial podría revertir una tendencia histórica hacia la especialización extrema, debido a que los agentes ya pueden asumir muchas tareas especializadas que hoy ocupan a perfiles intermedios.
Por ejemplo, en el departamento de TI, podría ser menos relevante contar con programadores expertos en lenguajes específicos y más valioso tener ingenieros que entiendan la arquitectura tecnológica y sepan gestionar y supervisar agentes. En Finanzas, a medida que los agentes automatizan tareas como el procesamiento de facturas o la detección de anomalías, los equipos pueden enfocarse en crecimiento, márgenes, negociación con proveedores, precios dinámicos y planeación de escenarios.
En todas las funciones crecerá la demanda de perfiles generalistas capaces de supervisar agentes y alinear su trabajo con los objetivos del negocio.
En el trabajo con roles prácticos, muchos de estos roles pueden ser cubiertos por talento junior con alta afinidad por la IA, mientras que la diferenciación recaerá en perfiles senior enfocados en estrategia e innovación. El resultado podría ser una fuerza laboral con menos capas intermedias. En contraste, en trabajos operativos de primera línea, los agentes podrían reducir roles de entrada y aumentar la necesidad de perfiles intermedios que gestionen a estos agentes, dando lugar a una estructura más equilibrada.
Los líderes de negocio identifican el valor de la IA responsable, en nuestra reciente encuesta sobre responsabilidad de la inteligencia artificial, el 60% de los encuestados señaló mejoras en ROI y eficiencia, y el 55% en experiencia del cliente e innovación. No obstante, casi la mitad reconoció dificultades para llevar estos principios a la operación.
El 2026 podría ser el año en que las empresas superen ese reto y desplieguen prácticas de IA responsable rigurosas y repetibles. Si los agentes ya pueden asumir cerca de la mitad de las tareas actuales, se requiere una gobernanza distinta que gestione riesgos y eleve resultados.
La buena noticia es que están surgiendo enfoques de gobernanza habilitados por la tecnología. Por ejemplo, herramientas como red teaming automatizado, detección de deepfakes y gestión de inventarios de IA permiten evaluación y supervisión de manera continua.
Un punto importante es que para que estos enfoques de gobernanza funcionen de forma efectiva y eficiente en costo, también se necesitan nuevas capacidades, es decir, expectativas claras para los usuarios, esquemas de riesgo con intervención humana definida y mejores prácticas de documentación. Con estos elementos, la IA responsable puede entregar valor real en desempeño e innovación, y reducir las fricciones, costos y demoras heredadas de modelos de gobernanza de otra era.
Los agentes de IA habilitan el llamado vibe coding y otras formas de trabajo creativo donde casi cualquiera puede idear y probar soluciones, sin embargo, para llevar esas ideas a producción se requieren equipos tecnológicos que las implementen con un monitoreo continuo, es ahí donde la capa de orquestación se vuelve crítica. Su vista unificada tipo centro de control permite detectar errores, ajustar el desempeño y alinear la innovación de los usuarios con la estrategia de la alta dirección.
Una buena orquestación permite identificar rápidamente ideas valiosas, llevarlas a operación, gestionar riesgos y mantener la coherencia con las prioridades empresariales.
Esta capa debe ser usable incluso para perfiles no técnicos, con tableros intuitivos y controles simples para integrar agentes en nuevos flujos de trabajo, incluso en casos complejos y de alto valor. Además, se debe permitir la combinación de herramientas de distintos proveedores, integrar datos en tiempo real y lenguaje natural, y operar bajo un esquema centralizado de gobernanza y seguridad.
Que la inteligencia artificial sea un impulso o una carga para la sostenibilidad en 2026 aún está en juego, pero todo apunta a lo primero. Aunque su eficiencia energética mejora rápidamente, su uso crece aún más rápido, lo que puede presionar aspectos como las emisiones de carbono, el manejo del agua y los precios de la energía.
Las empresas pueden mitigar ese impacto usando IA solo cuando genera valor significativo y aplicando enfoques como la programación de carbono para reducir emisiones y costos. Además, los resultados en la productividad pueden compensar parte de su huella ambiental.
La inteligencia artificial también puede fortalecer la sostenibilidad desde el crecimiento del negocio.
Los agentes de IA pueden analizar datos de clientes para identificar qué valoran en el tema de sostenibilidad y cuánto están dispuestos a pagar, o documentar ese desempeño para fortalecer la marca. También ayudan a optimizar aspectos operativos como el transporte y consumo eléctrico, modelar resiliencia ante desastres naturales y trazar productos a lo largo de la cadena de valor para reducir impactos ambientales y retiros de productos costosos. Así, la IA puede crear valor financiero mientras hace más sostenibles las operaciones.