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Fuerza Laboral y Competencias

Humanidad, innovación y progreso radical en el mundo post-COVID

Necesitamos enfoques completamente nuevos para reconstruir la confianza y reasociar el progreso social y económico. A continuación, tres prioridades para que los líderes consideren.

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Cuando las multitudes estallan, como aquella que atacó el Capitolio de los EE. UU. a principios de enero, pienso en el personaje de Hemingway que dijo que cayó en bancarrota “gradualmente, y de repente”.  No es fácil predecir los puntos de ruptura, el momento en que una aglomeración se convierte en letal, cuando una pandemia sobrecarga un sistema de salud, o cuando las normas históricas necesitan un cambio significativo.

El shock de un momento crítico puede ayudarnos a reevaluar los retos sistémicos que han estado continuamente acumulándose, en el caso de hoy, por más de una década.  Disparidades económicas, desbalances sociales, divisiones digitales, asimetría de información y fallas del mercado han ido socavando los viejos paradigmas sobre el progreso.  La pandemia del COVID-19 solo aceleró y acentuó estas fuerzas.

Recientemente escribí sobre soluciones a nuestros retos sistémicos, basadas en información, incentivo y reporte.  Revalorizar los fundamentos de nuestros sistemas de mercados, mientras reconstruimos confianza, es una condición necesaria para reasociar el progreso social y económico, pero no es suficiente.  También necesitamos atacar, directamente, la dimensión humana del cambio de sistema, para que muchas más personas se puedan involucrar de forma productiva e inclusiva en la vida económica, tomen ventaja de oportunidades aumentadas y satisfagan su potencial.

Conexiones Humanas

El cambio de paradigma de trabajo y aprendizaje a distancia, aunque lejos de ser perfecto, ha sido una característica extremadamente eficaz de la respuesta pandémica.  Pero considere la investigación de los profesores de la Universidad de Chicago, Jonathan Dingel y Brent Neiman.  Ellos estimaron en un documento de junio que casi un 40% de los trabajos en los EE. UU. pudieran ser llevados a cabo de forma remota, que los individuos con bajos ingresos tenían menos probabilidades de trabajar desde casa, y que el porcentaje de trabajos con potencial remoto era más bajo en los países más pobres de lo que era en muchas partes desarrolladas del mundo.  Añada a esto los recientes hallazgos de PwC y UNICEF-Generation Unlimited que revelan que un tercio de todos los estudiantes alrededor del mundo no estaban en condiciones para tener acceso al aprendizaje a distancia cuando el COVID-19 cerró la educación presencial; y no es de extrañar que los países menos desarrollados fueron golpeados mucho más duro.

Tales asimetrías, aunque desafortunadas, no son nada nuevo; ellas reflejan una dramática disparidad entre las demandas de la economía digital y las competencias de la fuerza laboral actual.  Un reciente estudio de PwC y el Foro Económico Mundial demuestra que abordar estas disparidades pudiera mejorar la productividad, el empleo y los ingresos alrededor del mundo.  Los beneficios serían particularmente importantes en países poblados con grandes brechas de competencias tales como India, China y los EE.UU. y naciones más pequeñas, pero de igual forma significativas como Alemania, la cual ha invertido por mucho tiempo en entrenamiento de competencias.

Trabajos, trabajos, trabajos: donde el liderazgo es necesario para preparar a las personas para un futuro mejor

74%

de los CEO están preocupados por la disponibilidad de habilidades clave

40%

de los trabajadores necesitará hasta seis meses de actualización para 2025

Pero cerrar la brecha de habilidades para 2030 podría generar

5,3 millones nuevos trabajos a nivel mundial

US $ 6,5 billones añadido al PIB mundial

Estas ganancias pudieran cambiar el juego para individuos que sienten que han sido dejados atrás o que están inhibidos de tomar una oportunidad debido al rápido ritmo del cambio.  También se benefician: gobiernos y economías que están estirándose para reparar el daño producido por la pandemia, arrancar la economía, comprendamos el aumento de las deudas y encontrar el combustible necesario para las inversiones para estar listos para el futuro.  Y eso no es todo.  La mejora de competencias (upskilling)  o el reciclaje laboral (reskilling) de los empleados para permitirles participar completamente en el lugar de trabajo significa crear economías y sociedades más inclusivas y sostenibles que atraigan personas y catalicen conexiones más profundas entre la humanidad y el mercado económico.

Liderazgo Innovador

Aun cuando, como parece probable, la distribución de las vacunas contra el COVID-19 tome más tiempo de lo que nos gustaría, ultimadamente debería ayudar a hacer conexiones más tangibles entre la humanidad y los frutos del progreso en una manera que afirme tanto la nobleza de la ciencia y el negocio, y nuestra capacidad de lograr una tarea conjunta.  Mi esperanza es que podamos extender el espíritu de innovación forjado durante la crisis para expandir las oportunidades humanas ante nosotros.  A continuación, tres prioridades para demostrar liderazgo e innovación en el camino que tenemos por delante, que deberían tener como resultado que hagamos las cosas radicalmente diferente, en lugar de solo progresivamente mejor:

Elevar los ecosistemas.  Recientes experimentos de masa sobre aprendizaje a distancia, aunque ocasionalmente dolorosos, también están ofreciendo valiosas perspectivas sobre lo que puede y no puede digitalizarse.  Y de la misma manera en que la digitalización del comercio y de los flujos de información trastocaron y nublaron las fronteras entre las industrias, la digitalización de los modelos de aprendizaje presagia una disrupción significativa en los años venideros.  Es alarmante que un tercio de todos los niños no pudieron continuar aprendiendo cuando el COVID-19 cerró las escuelas porque no tenían una conexión a internet.  A medida que el establecimiento educacional, el gobierno, la sociedad civil y los negocios empiezan a trabajar juntos de nuevas maneras, nos reimaginaremos el ecosistema que prepara a la gente para el futuro y crea oportunidades para que el suministro de talento satisfaga la demanda de dicho talento.

Las empresas, que han estado a la vanguardia de la creación de valiosas plataformas digitales y ecosistemas, tienen un papel crucial que jugar en el impulso de la innovación en cuanto al suministro del aprendizaje, la creación de credenciales de empleados, y la redefinición de interfaces con “proveedores” tradicionales de graduados.  La comunidad empresarial alrededor del mundo tiene la obligación de conectarse, apoyar y capacitar a los líderes en los gobiernos, comunidades, y centros educativos que se esfuerzan por reinventar el aprendizaje.  Ejemplos a seguir incluyen a Singapur  y Luxemburgo, que están experimentando con modelos de mejora de competencia (upskilling) que unen a la gente, empresas y educadores para fomentar, y apoyar financieramente, una vida de aprendizaje.

También nos inspira la historia.  Durante finales del siglo 19, los pioneros de la industria propiciaron la creación de universidades físicas tales como Cornell, McGill, Stanford, y la Universidad de Chicago, que modernizaron la educación superior.  Nuestro ecosistema de innovación, caracterizado por tecnología, soluciones de plataformas y nuevos modelos colaborativos, se verán completamente diferentes a los del pasado, pero no serán menos transformacionales, ya que buscamos democratizar el desarrollo de competencias de vanguardia.

Aceptando interdependencias.  Más allá de capacidades técnicas más finas, el mundo post-COVID también demanda competencias de liderazgo mejoradas.  Los líderes deben sentirse cómodos no solo con persistentemente altos niveles de ambigüedad e incertidumbre (ninguna de las cuales es algo nuevo), sino también con interdependencias a mayor escala.  Estamos viviendo en un mundo más multipolar que el del año pasado.  Los países, comunidades y compañías no pueden darse el lujo de escoger un lado, como lo hicieron durante la Guerra Fría.

Este contexto importa de manera muy especial para los líderes mientras tratan competencias y educación (más vale que su ecosistema sea global, porque el talento seguro lo es), tecnología y privacidad (no hay un solo conjunto de reglas), el cuidado de la salud (como nos lo ha recordado el año pasado), y casi todo lo demás en el ambiente externo.

Reconocer estas interdependencias facilitará la posibilidad de lograr aspiraciones globales, desde los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU hasta las prioridades de clima Net Zero.  Así como estas interdependencias amplían nuestra capacidad de liderazgo, también deberían ayudarnos a ser empáticos con el crecimiento y el desarrollo de competencias que la sociedad está demandando de todos.  Nuestra propia humanidad, en otras palabras, puede ayudarnos a ser más humanos.  Eso ciertamente parece una aspiración importante, y una que necesita más atención a medida que salimos de esta tragedia humana del COVID-19 durante el año pasado, hacia un futuro más brillante que estamos buscando en 2021 y más allá.

Midiendo resultados.  Medidas y resultados son piezas frecuentemente citadas del reto de competencias: ¿Cómo esquematizamos mejor el cambiante panorama laboral, predecimos la futura demanda de competencias, establecemos indicadores de calidad de empleo, y determinamos si el desarrollo de destrezas se está traduciendo a productividad y ganancias económicas que están siendo compartidas de forma justa?  Los líderes empresariales tienen mucho que contribuir:  Ellos saben mejor que nadie qué competencias escasas impulsan más valor en su negocio, y también tienen experiencia estirándose para medir atributos de desempeño que son difíciles de cuantificar, mientras incentivan los comportamientos correctos para lograr los resultados deseados.  El net promoter scores es un indicativo de lealtad; mapa de compromiso del empleado con la salud del lugar de trabajo; los valores netos actuales sirven como indicativos para el futuro. ¿No es tiempo para nuevas medidas de éxito, no solo en la educación y creación de trabajos, sino también para medir el progreso y comparabilidad de cualquier país o compañía, tanto para sus pares como para la expectativa de los amplios y en ocasiones polarizantes grupos de interesados?

Además, las empresas están empezando a participar en un esfuerzo serio para aclarar y elevar la importancia de menos métricas tradicionales, incluyendo las no financieras.  Mientras los líderes corporativos trabajan con elaboradores de normas y de políticas para impulsar la alineación con estándares globales y para establecer el sistema más amplio de infraestructura necesarios para el nuevo mundo, los negocios deberían mantener la dimensión humana, particularmente promoviendo las capacidades del siglo 21, a un papel protagónico.  La reinvención de reporte y la revisión de lo necesario para equipar a la gente para nuestro mundo cambiante no deberían ser esfuerzos aislados.

Al inicio de la pandemia del coronavirus, el Harvard Business Review, publicó un artículo titulado “Un tiempo para liderar con propósito y humanidad”, por Hubert Joly, un líder comercial mundial que ha tenido roles como CEO de Best Buy y líder senior de Vivendi.  El sentimiento era correcto entonces, y yo pienso que aún más ahora.  A medida que la ciencia ayuda a restaurar la salud mundial, una necesidad para un liderazgo más amplio se nos presenta, para restaurar la salud de la sociedad, nuestras instituciones, nuestras organizaciones y sus conexiones con la gente, incluyendo las más desafectos.  Los líderes que aporten un espíritu de innovación a los ecosistemas educacionales, interdependencias mundiales y resultados humanos crearán la dinámica que impulsará a la sociedad hacia adelante, con humanidad.

Lea más artículos por Robert E. Moritz en strategy+business.


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Socia Líder Regional de Assurance, PwC Interaméricas

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