El Informe Global de Salud de PwC examina cinco tendencias clave que están dando forma al futuro de la industria. Entre los principales hallazgos se destacan los siguientes:
Dos vectores muy poderosos están transformando el mercado global de la salud. El crecimiento continuo y la influencia de la inteligencia artificial, las tecnologías digitales y los datos están redefiniendo todos los negocios, pero tienen una relevancia particular en el sector sanitario. Al mismo tiempo, en todo el mundo, cada vez más personas se interesan activamente en cómo acceden a productos y servicios de salud.
A medida que los consumidores se empoderan gracias a la información y la tecnología disponibles, la prestación de servicios de salud se vuelve más descentralizada y personalizada. Las expectativas sobre el sistema sanitario están cambiando: se pasa de un modelo reactivo, centrado en la atención y el tratamiento, hacia servicios proactivos que buscan mejorar tanto la duración como la calidad de vida.
En conjunto, esto prepara el terreno para cambios estructurales significativos e integración en el sector. El Informe Global de Salud de PwC analiza cinco tendencias clave que darán forma al sector en 2026 y en adelante. Para cada una, identifica los imperativos estratégicos y sus implicancias para las organizaciones que buscan obtener una ventaja competitiva en este entorno en rápida transformación.
Las organizaciones que prosperen no se limitarán a añadir tecnología sobre modelos tradicionales. Rediseñarán las rutas de atención, los métodos de descubrimiento de fármacos, los mecanismos de pago, los modelos de gobernanza y las estructuras de los colaboradores, basándose en la prevención, la predicción, la descentralización y los resultados medibles. Además, aprovecharán las tecnologías disponibles para encontrarse con las personas donde están, empoderándolas para que alcancen los mejores resultados posibles en su salud.
La pregunta sobre la inteligencia artificial en la salud ya no es si adoptarla, sino cómo hacerlo de la manera más efectiva. De cara al futuro, quienes marcarán la diferencia serán aquellas organizaciones que utilicen la tecnología para mejorar de forma fundamental cómo planifican y priorizan la atención, y cómo la entregan a escala. La IA debe convertirse en una parte integral del modelo operativo, en lugar de simplemente añadirse sobre él, para generar resultados significativos. Su valor se evaluará cada vez más por su impacto en los resultados centrados en el paciente y en el desempeño del sistema, y no solo por la cantidad de herramientas implementadas.
Reingeniería de la atención basada en la predicción, no en la reacción. Hoy en día, la mayoría de las aplicaciones de IA en salud se utilizan para tareas específicas y bien delimitadas, como la documentación, los diagnósticos y la programación. Las herramientas de transcripción están reemplazando la toma de notas manual, mientras que la codificación y la asignación de turnos asistidas por IA están reduciendo los cuellos de botella administrativos, liberando tiempo de los profesionales de la salud y contribuyendo a mejores resultados para los pacientes.
Sin embargo, el enfoque ahora se desplazará hacia la prevención y una mejor coordinación entre funciones. La IA operará cada vez más antes del encuentro clínico, yendo más allá del trabajo administrativo del back office. En lugar de reaccionar ante un deterioro una vez que es visible para los clínicos, los sistemas alertarán a los equipos de atención sobre posibles problemas y los impulsarán a actuar antes.
¿El resultado? Menos hospitalizaciones evitables, reducción de la duración de las estancias y menor presión en etapas posteriores del sistema. En esencia, la IA pasará de ser una herramienta de apoyo a la toma de decisiones a convertirse en un mecanismo de vigilancia continua del riesgo clínico.
Las tecnologías de aprendizaje automático y análisis de datos ya están mejorando el tratamiento del cáncer infantil, al predecir la probabilidad de recaída y ayudar a los profesionales a tomar decisiones más informadas, con una amplitud y precisión sin precedentes.
Reconfigura el modelo de colaboradores. La disponibilidad de colaboradores ha sido una limitante para el avance de muchas innovaciones en salud, como la atención habilitada por tecnología, la salud conductual y las plataformas de especialidades lideradas por médicos. Cuando la IA se integra en los flujos de trabajo y modelos operativos centrales, su impacto en los colaboradores pasa a ser estructural, en lugar de un aumento incremental de productividad. Esto permite crecer sin incrementos proporcionales en la dotación de colaboradores.
Los clínicos no serán reemplazados, pero su trabajo se volverá más enfocado en la supervisión y el juicio. Por ejemplo, supervisarán señales de riesgo generadas por algoritmos, validarán recomendaciones y se concentrarán en la toma de decisiones complejas. Aprovechar al máximo estos cambios también requerirá capacitaciones y nuevas formas de formación para los profesionales de la salud.
Según las Perspectivas de Transacciones 2026 en servicios de salud de PwC en Estados Unidos, las plataformas que demuestran un desempeño medible mediante operaciones habilitadas por IA están mejor posicionadas para ampliar su capacidad, estandarizar la atención y absorber la volatilidad de la demanda.
Desarrollar la capacidad para gestionar la demanda de manera proactiva. Para muchos sistemas de salud, la principal limitación de capacidad ya no serán las camas ni la fuerza laboral, sino la capacidad algorítmica. Es decir, la capacidad de procesar datos en casi tiempo real y convertirlos en acciones beneficiosas. A medida que la IA generativa se vuelve ampliamente accesible, su uso informal y no gestionado está aumentando más rápido que la capacidad organizacional para gobernarla. Veremos una creciente brecha entre las organizaciones que definen activamente cómo se utiliza la IA en los flujos de trabajo clínicos y administrativos, y aquellas que permiten una adopción fragmentada con responsabilidades poco claras.
Los sistemas que pueden ingerir y sintetizar señales provenientes de registros clínicos, dispositivos y datos operacionales generarán más tiempo para los profesionales y acelerarán la investigación clínica. Los sistemas que no puedan hacerlo seguirán atrapados en modelos de atención reactiva, independientemente de cuántas herramientas de IA implementen.
Superar las barreras humanas. Los desafíos para generar confianza y abordar preocupaciones sobre privacidad y ética siguen siendo de los obstáculos más difíciles para la adopción de la IA, seguidos de cerca por la formación de la fuerza laboral y la resistencia al cambio. Estos factores humanos ahora superan a las barreras técnicas, como la calidad de los datos o la infraestructura obsoleta.
La gobernanza clara, la IA explicable y la transparencia sobre cómo funcionan los modelos son fundamentales para construir confianza. Además, deben estar respaldadas por marcos emergentes y lineamientos que exijan evaluaciones estandarizadas del sesgo en los datos, las salidas y el uso de la IA, para garantizar resultados equitativos.
La IA a gran escala depende de un habilitador crítico: datos que puedan moverse, ser confiables y generar información útil en todo el sistema de salud en tiempo real. Hoy en día, los registros clínicos, las imágenes médicas, los reclamos, la genómica, los datos de dispositivos y los resultados reportados por pacientes suelen estar en silos debido a barreras organizacionales, técnicas o regulatorias. Esto limita su utilidad.
Ingenierizar y sintetizar estos datos en activos que apoyen la toma de decisiones clínicas, la optimización de recursos y la mejora de los resultados de atención es un desafío significativo. De cara al futuro, como señala el informe El futuro de los proveedores de salud de PwC, el foco cambiará de recolectar más datos a hacer que los datos existentes sean líquidos: utilizables, compartibles y valiosos en contextos clínicos, operativos y de consumo.
De la acumulación de datos al valor del dato. La liquidez de datos no se trata de eliminar controles ni de centralizar todo. Se trata de permitir que los datos fluyan hacia donde generan valor, bajo los permisos y resguardos adecuados, mientras se democratiza el acceso a la información pertinente para impulsar la innovación y el avance impulsado por IA. Las organizaciones líderes cada vez más tratan los datos como un activo gestionado, enfocándose en cómo se capturan, gobiernan, integran y traducen en acción. La IA, la analítica predictiva y la atención personalizada dependen del acceso oportuno a datos de alta calidad e interoperables.
Aunque existen sólidas salvaguardas para el uso de los datos, la confianza pública en el intercambio de información suele ser baja.De acuerdo a la encuesta Perspectivas Globales de Confianza Digital 2025, solo el 24 % de los líderes del sector salud afirma tener confianza en el cumplimiento de las normativas de privacidad, y apenas el 19 % expresa confianza en el cumplimiento de regulaciones de IA. Los líderes deberán establecer bases de datos de alta calidad, bien gobernadas, con estándares consistentes y una higiene de datos adecuada. También deben definir las condiciones bajo las cuales los datos pueden moverse y utilizarse.
Integración e interoperabilidad a lo largo del cuidado y la vida. Los datos de salud actualmente se generan de forma continua a través de dispositivos wearables, monitoreo en el hogar, terapias digitales y plataformas de consumo como retailers. Las personas ahora tienen acceso a información sobre su salud a una velocidad y escala antes impensadas, incluyendo datos provenientes de relojes inteligentes y joyería inteligente.
El desafío para los sistemas de salud es integrar estos datos de manera segura y proporcional en los registros electrónicos y en los flujos de trabajo clínicos cotidianos, para luego transformarlos en información accionable. En lugar de simplemente decirle a una persona que no duerme lo suficiente, los médicos pueden ofrecer detalles concretos sobre cómo mejorar esa situación.
Los sistemas de salud tienen cada vez más la exigencia de respaldar la portabilidad de los datos, por ejemplo, a través de OpenAPI, como parte tanto del cumplimiento normativo como de una transformación digital segura. Las organizaciones que invierten en interoperabilidad y en una gobernanza sólida de los datos están mejor posicionadas para cumplir estas exigencias, al mismo tiempo que permiten un uso más seguro de la IA y una prestación de la atención más efectiva. Iniciativas como la Plataforma de Datos Federados del NHS en Reino Unido reflejan una necesidad creciente de integrar conjuntos de datos dispersos entre organizaciones del sistema de salud, abordando la fragmentación de larga data dentro del sistema.
Seguridad, privacidad y gobernanza. Los datos del mundo real respaldan la investigación, los contratos basados en resultados, la gestión de la salud poblacional y nuevas alianzas a lo largo de la cadena de valor. Pero generar valor depende de la confianza y el control. Los datos líquidos deben ser datos seguros. Sin embargo, aunque el riesgo cibernético sigue siendo la principal prioridad de mitigación para más de la mitad de los líderes del sector salud, según la encuesta Perspectivas Globales de Confianza Digital 2025 de PwC, solo el 2 % afirma haber implementado completamente acciones de ciberresiliencia en sus organizaciones. Esta brecha es significativa.
Las organizaciones líderes están incorporando la seguridad, la privacidad y la gobernanza en la arquitectura de datos desde el inicio —incluyendo datos provenientes de diversos proveedores dentro del ecosistema— en lugar de tratarlas como restricciones añadidas posteriormente. Esto incluye una clara administración de datos, accesos basados en roles, capacidad de auditoría y monitoreo continuo. El estudio De MedTech a WellTech de Strategy& (PwC) sugiere que, si bien las personas están en general abiertas a las tecnologías digitales y de bienestar, la seguridad y el uso de los datos siguen siendo preocupaciones importantes para más de un tercio de los encuestados. Por lo tanto, los sistemas de salud deben convencer a los pacientes sobre la eficacia de estas tecnologías mediante modelos de consentimiento transparentes, un intercambio de valor claro y explicaciones simples sobre cómo los datos mejoran la atención.
En los próximos años, las decisiones de los consumidores determinarán cada vez más qué modelos de atención en salud logran escalar y cuáles quedan rezagados. La distinción entre el bienestar del consumidor y la atención médica tradicional se está difuminando cada vez más. En la práctica, todos los pacientes ahora son consumidores: comparan experiencias, esperan acceso digital fluido y evalúan la atención médica frente a sectores como el retail, la banca y la tecnología.
La encuesta Perspectivas del Consumidor de Salud en Estados Unidos 2025 de PwC encontró que el 70 % de las personas utiliza tecnologías de salud —como dispositivos wearables, aplicaciones o servicios virtuales— al menos una vez al mes, y el 65 % desea un sistema enfocado en la prevención más que en el tratamiento.
Diseñar los servicios en función de dónde viven y trabajan las personas. La misma encuesta reveló que, aunque el 72 % de las personas recibió atención en el consultorio de un médico durante el último año, solo el 34 % afirma que ese sería su entorno preferido a futuro. La atención virtual, las clínicas en retail y los servicios en el hogar se perciben cada vez más como opciones por defecto, especialmente para atenciones rutinarias, de seguimiento y preventivas. Además, existe una expectativa creciente de que la atención ocurra más allá de las citas programadas. Una de cada cinco personas afirma que pagaría más de su bolsillo por tratamientos personalizados, monitoreo continuo o plataformas digitales integradas.
Los modelos tradicionales generan valor en función del costo por atención, vinculados a la capacidad física y a interacciones episódicas. En contraste, los modelos orientados al consumidor promueven una gestión continua, la prevención y la intervención temprana. Estos modelos alinean mejor los ingresos y los incentivos con resultados medibles, maximizando el valor a lo largo del tiempo por persona mediante plataformas digitales escalables que operan entre el hogar, la comunidad y entornos virtuales.
Simplificar los sistemas y hacerlos más asequibles. Todas las personas dentro del sistema (cuidadores, asegurados y no asegurados) enfrentan desafíos de acceso y complejidad. Una proporción cada vez mayor de la población se identifica como cuidadora. A menudo apoyan a hijos o a padres mayores y experimentan mayores barreras de acceso, más presión por los costos y mayores necesidades no cubiertas.
Entre las personas no aseguradas, más de la mitad reporta tener una necesidad de salud que no atiende debido a la falta de recursos económicos. Incluso las personas con seguro expresan preocupación por costos no cubiertos, atención de emergencia y enfermedades crónicas. Estas presiones están llevando a las personas a buscar soluciones más simples y coordinadas, es decir, un solo sistema en lugar de múltiples aplicaciones, portales y proveedores. Sin embargo, solo el 26% de los encuestados afirma que es muy fácil acceder a sus registros médicos entre distintos proveedores. La fragmentación afecta de manera desproporcionada a quienes tienen menor alfabetización en salud, acceso digital limitado, barreras idiomáticas o menos tiempo para navegar sistemas complejos.
Para los países de ingresos bajos y medios, las implicancias son aún más profundas. Donde la infraestructura física y la capacidad especializada son limitadas, los modelos escalables, digitales desde el inicio y basados en la comunidad ofrecen una forma de ampliar el acceso sin replicar sistemas hospitalarios de alto costo.
Del tratamiento al bienestar continuo. Cada vez más personas interactúan con herramientas que monitorean, evalúan y personalizan su salud fuera de los entornos tradicionales de atención. La misma encuesta muestra que casi el 80% de la Generación Z utiliza tecnología de salud mensualmente, y están significativamente más dispuestos que generaciones mayores a confiar en actores no tradicionales como empresas tecnológicas o retailers. En Estados Unidos, Reino Unido y Europa, este mercado ampliado de “tecnología de bienestar” se estima en hasta US$ 850.000 millones anuales, impulsado en gran medida por la demanda de los consumidores.
Es importante destacar que las personas no buscan que la tecnología reemplace a los profesionales de la salud. Se sienten más cómodas cuando las herramientas digitales se encargan de la navegación, el monitoreo y la coordinación administrativa, liberando a los profesionales para que se enfoquen en el diagnóstico y el tratamiento. Cuando están bien diseñadas, estas herramientas también pueden ofrecer a las personas información más clara y relevante, permitiéndoles participar de forma más informada y constructiva en las decisiones sobre su salud y sus opciones de atención.
Las dos tendencias de llevar la atención más cerca del hogar y de avanzar hacia modelos basados en valor se reforzarán cada vez más entre sí. El desafío para los líderes no es si avanzar hacia la atención basada en valor, sino qué tan rápido pueden pasar de pilotos a una adopción a nivel de sistema. El progreso dependerá de una gestión del cambio efectiva, mayores capacidades de datos y analítica, y alianzas intersectoriales, junto con la inversión en habilidades de los colaboradores y tecnologías habilitantes.
Rediseña la atención en torno a rutas integradas, no a instituciones. El envejecimiento de la población, el aumento de la multimorbilidad y la escasez de colaboradores están haciendo que los modelos tradicionales de hospitalización sean cada vez más difíciles de sostener. En Suiza, por ejemplo, se proyecta que la demanda de servicios hospitalarios aumente alrededor de un 28% para 2045, impulsada solo por el crecimiento y el envejecimiento de la población. Sin embargo, las innovaciones médicas y digitales están cambiando de forma fundamental lo que se puede hacer fuera de los hospitales. Los avances en técnicas quirúrgicas, diagnóstico, monitoreo remoto y coordinación digital continúan reduciendo la duración de las estancias y trasladando actividades hacia entornos ambulatorios y de atención domiciliaria.
Como concluye un informe de PwC encargado por la Asociación Belga de Directivos Hospitalarios, las rutas quirúrgicas ambulatorias y de cirugía el mismo día, respaldadas por seguimiento digital, reducen las estancias hospitalarias sin comprometer la seguridad. De forma similar, las rutas oncológicas transmurales con monitoreo continuo de síntomas disminuyen las visitas a urgencias y mejoran la supervivencia. Las rutas para enfermedades crónicas apoyadas en monitoreo remoto permiten intervenciones más tempranas y menos complicaciones.
De cara al futuro, la atención aguda y terciaria, más especializada, compleja e intensiva en recursos, debería seguir centralizada, mientras que la atención rutinaria, crónica y de seguimiento debería descentralizarse cuando sea clínicamente apropiado. El progreso más relevante vendrá de rutas de atención integradas y basadas en indicaciones, que combinen la provisión descentralizada con la responsabilidad compartida sobre resultados y costos. Este enfoque también aumentará la transparencia, especialmente en sistemas financiados de forma privada.
Alinea los incentivos para crear atención basada en valor. Sin incentivos alineados, la descentralización corre el riesgo de trasladar la actividad en lugar de mejorar los resultados. Aquí es donde entra la atención basada en valor. Estos modelos cambian el enfoque hacia resultados relevantes para el paciente, logrados a lo largo de todo el ciclo de atención, en relación con los costos necesarios para alcanzarlos. Esto requiere medir resultados más allá de encuentros individuales, incluyendo la recuperación, la mejora general de la salud y la sostenibilidad de esas mejoras. También implica analizar todo el proceso, cruzando límites organizacionales: desde la prevención y el diagnóstico hasta el tratamiento y el seguimiento.
A pesar de su amplia adopción en el discurso, la fragmentación del financiamiento, los incentivos de pago por servicio y la medición inconsistente de resultados siguen premiando el volumen en lugar del valor. En la mayoría de los sistemas, las iniciativas basadas en valor continúan limitadas a pilotos, condiciones específicas o programas locales, en lugar de estar integradas a nivel sistémico.
Evoluciona los modelos de pago para permitir la escala. El pago por servicio puede generar una dinámica compleja, ya que recompensa la actividad en entornos específicos y, a menudo, penaliza a los prestadores por reducir hospitalizaciones o acortar la duración de las estancias. Los enfoques de pago basados en valor, como los pagos agrupados (bundled payments), la capitación combinada o los reembolsos vinculados a resultados, ofrecen un camino más adecuado.
Cuando se diseñan correctamente, estos modelos trasladan el riesgo financiero y los incentivos hacia la prevención, la coordinación y la calidad, al mismo tiempo que dan flexibilidad a los prestadores sobre cómo entregar la atención. Para abordar desafíos como la resistencia de los prestadores o consecuencias no deseadas, estos modelos requieren un diseño cuidadoso: ajustes por riesgo para evitar la selección de pacientes, medición robusta de resultados y apoyo transitorio para gestionar la volatilidad financiera durante la transición desde ingresos basados en volumen.
El desafío clave de la longevidad en los próximos años no es solo cuánto viven las personas, sino qué tan bien viven. Según un informe de JAMA Network basado en datos de la Organización Mundial de la Salud,la esperanza de vida saludable (los años vividos sin enfermedad ni deterioro funcional) actualmente es 9,6 años menor que la esperanza de vida total a nivel global, y esta brecha se ha ampliado en la última década. Para los sistemas de salud, centrarse en la esperanza de vida saludable implica cambiar el objetivo: pasar de tratar enfermedades y prolongar la vida a preservar la funcionalidad y asegurar una vida plena. Por ello, las estrategias de longevidad se enfocan en retrasar el inicio del deterioro y permitir que las personas mayores mantengan su independencia y sigan siendo miembros productivos de la sociedad.
Un informe reciente de PwC destaca además que poner el foco en la salud de las mujeres representa una oportunidad de mercado significativa y el potencial de mejorar la calidad de vida de la mitad de la humanidad, cuyas necesidades han sido históricamente desatendidas en muchos contextos. Esta transición estructural requiere un entorno regulatorio y de políticas públicas que permita e impulse activamente la prevención, la innovación y el rediseño del sistema, al mismo tiempo que garantice rigurosamente la seguridad, la calidad y el rigor científico.
Incorpora la longevidad como un objetivo a nivel de sistema. La transición desde una “economía plateada” que gestiona el envejecimiento hacia una “economía siempre vigente” que replantea la longevidad como un motor de crecimiento para impulsar la productividad y la resiliencia generará amplios beneficios económicos. La OCDE estima que fuerzas laborales diversas en edad podrían aumentar el PIB per cápita en casi un 19% en las próximas tres décadas. Según el Centro para un Envejecimiento Mejor de Reino Unido,establecer y alcanzar una meta de empleo del 75% para personas de 50 a 64 años para 2030 generaría beneficios económicos de £9 mil millones al año. Más allá de la productividad, las personas mayores representan uno de los segmentos de consumidores de más rápido crecimiento en sectores como salud, servicios financieros, vivienda, movilidad, tecnología y aprendizaje a lo largo de la vida.
Para materializar estos beneficios, los líderes deben poner mayor énfasis en adaptar los lugares de trabajo, los flujos laborales y el diseño de los roles mediante horarios flexibles, rediseño de funciones, ajustes ergonómicos y desarrollo continuo de habilidades, con el fin de permitir vidas laborales más largas y saludables.
Lograr estos avances depende de un conjunto de sistemas que influyen en cómo las personas viven, se mueven, trabajan, aprenden y se conectan a lo largo de sus vidas. El diseño urbano y los sistemas de transporte determinan la movilidad y la participación social en etapas avanzadas de la vida. Las políticas de vivienda influyen en si las personas pueden mantenerse seguras, independientes y conectadas a medida que cambian sus necesidades. La educación y el aprendizaje continuo contribuyen a la reserva cognitiva y la adaptabilidad, mientras que las estructuras del mercado laboral determinan si vidas más largas se traducen en una contribución económica y social prolongada o en una mayor dependencia. Cada vez más, los gobiernos deben actuar como orquestadores del sistema, alineando políticas y financiamiento en salud, cuidados sociales, vivienda, transporte, empleo e infraestructura digital.
Convierte el envejecimiento en el hogar en el modelo por defecto. En distintos contextos, las personas mayores prefieren de forma consistente permanecer en sus hogares y comunidades. Además, la atención en el hogar y en la comunidad suele ser más costo-efectiva y más adecuada para la gestión de enfermedades crónicas. Veremos esfuerzos por escalar el envejecimiento en el hogar, integrando modelos comunitarios y de convivencia intergeneracional en lugar de limitarse a pilotos.
Sin embargo, el envejecimiento en el hogar requiere inversión deliberada en tecnologías de apoyo, respaldo a cuidadores, rehabilitación, servicios comunitarios y rutas de derivación confiables. También implica ir más allá de viviendas segregadas por edad hacia modelos integrados en la comunidad y multigeneracionales, con escuelas, cuidado infantil, espacios compartidos y servicios locales. El Pacto por las Personas Mayores en Italia ejemplifica este enfoque, al replantear las políticas de envejecimiento en torno a la dignidad y la independencia mediante una atención más integrada, domiciliaria y conectada con la comunidad.
Mejorar la esperanza de vida saludable a través de la innovación. Los avances en tecnologías digitales, asistivas y de ciencias de la vida están convergiendo para extender la esperanza de vida saludable, impulsados por una creciente demanda de los consumidores y mayores inversiones. Las soluciones digitales centradas en las personas, como plataformas para la demencia que combinan realidad virtual, interacción por voz e inteligencia artificial, han demostrado evidencia inicial de mejoras en la función cognitiva en poblaciones envejecidas. Integrar estas tecnologías dentro de las rutas de atención existentes, junto con mejorar la alfabetización digital en personas mayores y cuidadores, será clave para escalar su impacto.
En paralelo, la innovación farmacéutica está apuntando a las vías biológicas compartidas del envejecimiento, con compuestos como la metformina, los precursores de NAD+ y los agonistas del receptor GLP-1 siendo evaluados por sus efectos más amplios sobre el deterioro relacionado con la edad. En conjunto, estos enfoques respaldados por evidencia y habilitados por la tecnología están acelerando la transición hacia modelos de atención más preventivos, personalizados e integrados.
El alcance, la velocidad y el impacto de estas tendencias plantean un conjunto de desafíos significativos para los líderes. La lista de tareas es extensa y requiere un cambio de mentalidad. Los líderes deben ir más allá de los cambios incrementales y adoptar una transformación integral, replanteando los modelos de atención desde la perspectiva de la prevención, la personalización y la integración habilitada por la tecnología.
Invertir en la tecnología y los datos disponibles, y aprovecharlos al máximo, permitirá diseñar sistemas centrados en la experiencia humana y resolver los desafíos de las personas en el mundo real. En última instancia, los líderes del sector salud deberían ver esta etapa como una oportunidad única para redefinir el valor y elevar los resultados en salud a nivel global.
Los autores agradecen al Consejo Global de Asesoría Clínica de PwC por sus contribuciones a este informe.