Las empresas tienen la oportunidad de asumir un papel protagónico en una transformación que apenas comienza.
La salud ya no ocupa un lugar secundario en nuestras vidas ni aparece únicamente cuando surge un problema. Hoy está presente en las decisiones que tomamos cada día: desde lo que comemos y cómo descansamos, hasta la manera en que buscamos mejorar nuestra calidad de vida.
Autor:
Claudio Pérez
Socio Líder Retail & Consumer Products
PwC Chile
claudio.perez@pwc.com
La más reciente investigación global Voz del Consumidor 2026 de PwC, realizada entre más de 21.000 consumidores en 27 países, muestra que la salud ya no es un asunto ocasional y esporádico, sino una preocupación permanente y cada vez más personalizada. Los consumidores están comprando, monitorizando y ajustando regularmente comportamientos relacionados con la nutrición, el sueño, el control del estrés, la gestión del peso, la apariencia física, el rendimiento deportivo y la longevidad.
Este fenómeno está redefiniendo industrias completas. Lo que antes eran simples momentos de consumo como el desayuno, una colación a media tarde o una visita al supermercado, hoy están siendo reinterpretados bajo objetivos específicos de bienestar. Un desayuno ya no responde únicamente al deseo de comer, sino también a metas de energía, rendimiento o aporte proteico. Del mismo modo, una compra en la farmacia puede comenzar con preocupaciones sobre el sueño, el estrés o el control del peso.
La magnitud de esta transformación es considerable. La economía global del bienestar alcanzó los US$ 6,8 billones en 2024 y las proyecciones apuntan a que continuará creciendo con fuerza durante los próximos años. La salud se está convirtiendo en uno de los motores más relevantes del consumo, impulsando nuevas oportunidades para empresas de alimentos, retail, cuidado personal, salud, tecnología y farmacéutica.
En Chile, esta tendencia adquiere una relevancia especial. El envejecimiento de la población, el aumento de las enfermedades crónicas y una creciente preocupación por la calidad de vida están llevando a las personas a asumir un rol más activo en el cuidado de su salud. A mi juicio, esta puede convertirse en una de las oportunidades de crecimiento más relevantes para las empresas chilenas en la próxima década, precisamente porque conecta cambios demográficos, nuevas expectativas de consumo y avances tecnológicos.
Sin embargo, estamos ante algo más profundo que una nueva tendencia de mercado. Se trata de un cambio cultural que está redefiniendo las expectativas de las personas y la forma en que las empresas construyen valor.
En este contexto, el bienestar se perfila como uno de los principales motores de crecimiento e innovación para las empresas chilenas en la próxima década, al convertirse en un elemento cada vez más determinante en las decisiones de consumo y en la creación de vínculos de largo plazo con los clientes.
Uno de los ejemplos más evidentes es el sueño. Cuatro de cada diez consumidores afirman que mejorar su descanso es una prioridad de salud, aunque una proporción significativamente menor monitoriza activamente esta dimensión o toma medidas para mejorarla. Esta brecha abre oportunidades para nuevas propuestas de valor que combinen nutrición, suplementos, tecnología, servicios de salud y acompañamiento profesional.
Pregunta: ¿Cuál de los siguientes productos/servicios te interesaría más para ayudarte a alcanzar tu objetivo? (Selecciona hasta cinco).
Nota: Nota: Se encuestó a personas que indicaron tener un objetivo relacionado con la salud y el bienestar. Los compradores calificados son quienes respondieron: “Ya he comprado este producto/servicio o algo similar” o “Estoy muy interesado y me gustaría comprar este producto/servicio”. Los totales pueden no coincidir exactamente con la suma debido al redondeo.
Fuente: Encuesta Voz del Consumidor 2026 de PwC.
Así, la tecnología se ha convertido en un habilitador clave de esta transformación. Aplicaciones móviles o dispositivos electrónicos que se llevan puestos en el cuerpo como ropa o accesorios, relojes inteligentes, pulseras de actividad y anillos (dispositivos wearables), programas de acompañamiento, diagnósticos personalizados, monitorización continua y herramientas basadas en inteligencia artificial están ganando protagonismo. El consumidor moderno no solo busca comprar un producto; busca orientación que le ayude a alcanzar un objetivo de salud concreto.
Además, la inteligencia artificial comienza a consolidarse como un primer punto de consulta cuando surgen dudas relacionadas con la salud. No obstante, la confianza sigue siendo un elemento crítico. Los profesionales del mundo de la medicina continúan siendo la principal fuente de influencia en las decisiones de salud, por delante de la tecnología. La IA complementa la experiencia humana, pero todavía no la reemplaza.
Para las empresas, el desafío no consiste únicamente en innovar, sino en hacerlo de manera simple y accesible. El estudio muestra que los consumidores siguen valorando por encima de todo la buena relación calidad-precio, la facilidad de uso y la claridad de la información. Las propuestas de salud más sofisticadas tendrán dificultades para prosperar si resultan complejas, costosas o difíciles de entender.
Pregunta: Al considerar la compra de un producto o servicio de salud o bienestar para apoyar tu objetivo, ¿qué atributos son más importantes para ti? (Clasifica hasta cinco; se muestran solo las cinco respuestas principales).
Nota: Se consultó a personas encuestadas que indicaron tener un objetivo relacionado con salud y bienestar.
Fuente: Encuesta Voz del Consumidor 2026 de PwC.
Otro de los mensajes relevantes del estudio es la creciente importancia de la omnicanalidad en el ecosistema de salud y bienestar. Los consumidores ya no distinguen entre canales físicos y digitales cuando buscan información, recomendaciones o productos relacionados con su salud. Una misma decisión puede comenzar en una aplicación móvil, continuar en una farmacia, complementarse con un wearable y finalizar en una compra online. Para retailers, farmacias y empresas de consumo masivo, la capacidad de integrar estos puntos de contacto en una experiencia fluida y basada en la confianza se está convirtiendo en una fuente relevante de diferenciación y crecimiento.
En consecuencia, las organizaciones deben replantear su estrategia comercial. Ya no basta con vender productos; es necesario diseñar ecosistemas capaces de acompañar al consumidor en su recorrido de salud. Esto implica desarrollar alianzas entre empresas de consumo masivo, retailers, farmacias, proveedores de salud, compañías tecnológicas y actores farmacéuticos. Quienes logren integrar productos, datos, servicios y confianza estarán mejor posicionados para capturar las oportunidades de crecimiento que ofrece esta nueva economía del bienestar.
La voz del consumidor es clara: las personas quieren gestionar activamente su bienestar y esperan que las marcas les faciliten ese camino. La salud ya no es una categoría más dentro del mercado; se está convirtiendo en un criterio transversal que influye en múltiples decisiones de consumo.
Por eso, las empresas tienen la oportunidad de asumir un papel protagónico en una transformación que apenas comienza. Más que adaptar productos o servicios, el desafío es repensar la forma en que generan valor, incorporando el bienestar como un eje central de su estrategia. La economía del bienestar ya no es una tendencia emergente se está consolidando como una fuerza que redefinirá la próxima década.
Para las empresas chilenas, la pregunta ya no es si participar es esta transformación, sino cómo liderarla.