Luis Avello
Socio Asesoría Legal y Tributaria
"Si la reforma logra impulsar el crecimiento, parte de la menor recaudación inicial podría compensarse mediante una mayor actividad económica, utilidades más elevadas y una base tributaria más amplia."
La reforma tributaria que se espera sea aprobada próximamente podría representar el cambio más relevante para las empresas chilenas desde la modernización tributaria de 2020. Su principal eje en materia corporativa es la reducción gradual del Impuesto de Primera Categoría desde el 27% actual hasta un 23% en 2029, junto con el restablecimiento de un sistema plenamente integrado entre los impuestos corporativos y los impuestos personales de los propietarios.
La reducción de cuatro puntos porcentuales en la tasa corporativa implicará una disminución cercana al 15% de la carga tributaria empresarial respecto de la tasa vigente. Para una empresa que obtenga utilidades tributables por $ 1.000 millones al año, el impuesto pasaría desde $ 270 millones a $ 230 millones, liberando aproximadamente $ 40 millones adicionales para reinversión, contratación de personal o financiamiento de nuevos proyectos. Igualmente relevante es la reintegración del sistema tributario. Actualmente, los dueños de empresas sujetas al régimen general no pueden utilizar la totalidad del Impuesto de Primera Categoría como crédito contra sus impuestos finales debido a las reglas de restitución. La reforma elimina gradualmente esa distorsión y permitirá que el 100% del impuesto corporativo sea reconocido como crédito, reduciendo el costo tributario efectivo de invertir y distribuyendo utilidades de manera más eficiente.
Desde una perspectiva económica, estas medidas buscan mejorar la competitividad de Chile frente a otras jurisdicciones que han reducido sus impuestos corporativos durante la última década para atraer inversión. Una menor carga sobre las utilidades aumenta la rentabilidad esperada de los proyectos, favorece la formación de capital y fortalece los incentivos al emprendimiento. Diversos estudios internacionales han mostrado que una rebaja de impuestos corporativos puede traducirse en mayores niveles de inversión, productividad y empleo cuando va acompañada de reglas estables y certeza jurídica.
Por supuesto, el desafío será compatibilizar estos incentivos con la sostenibilidad fiscal. Sin embargo, si la reforma logra impulsar el crecimiento, parte de la menor recaudación inicial podría compensarse mediante una mayor actividad económica, utilidades más elevadas y una base tributaria más amplia. En ese equilibrio entre competitividad y responsabilidad fiscal se jugará buena parte de la capacidad de Chile para recuperar dinamismo económico durante los próximos años.