La Política Financiera Macroprudencial en Chile

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  • Septiembre 29, 2026

Escrito por:

Patricio Jaramillo
Economista y Director de Riesgo Financiero

"Ya no basta con preguntarnos si la política monetaria es expansiva o contractiva. Debemos comenzar a mirar el policy mix completo: política monetaria, fiscal y financiera."

Ya no basta con preguntarnos si la política monetaria es expansiva o contractiva. Debemos comenzar a mirar el policy mix completo: política monetaria, fiscal y financiera.

Durante décadas, cuando se discutía sobre la respuesta de política económica frente al ciclo, la atención se concentraba esencialmente en dos dimensiones: la política monetaria y la política fiscal. Sin embargo, la implementación de Basilea III incorporó con mayor fuerza un tercer componente al debate: la política financiera macroprudencial.

En Chile, su instrumento más relevante es el Requerimiento de Capital Contracíclico (RCC o CCyB). El Banco Central decidió llevarlo desde 0,5% a 1% de los activos ponderados por riesgo, fortaleciendo así la capacidad de absorción de pérdidas del sistema bancario frente a eventuales episodios de tensión financiera.

La lógica prudencial es clara. Durante períodos normales, los bancos acumulan capital adicional que posteriormente puede ser liberado frente a un shock severo, permitiéndoles absorber pérdidas y, especialmente, evitar una contracción excesiva del crédito precisamente cuando la economía más lo necesita. El problema es que la política macroprudencial no opera en el vacío.

Un aumento del buffer fortalece la resiliencia del sistema financiero, pero también eleva el costo marginal del capital bancario y puede afectar las condiciones de oferta de crédito. La evidencia internacional comienza a mostrar que cambios en el CCyB pueden transmitirse hacia las condiciones de financiamiento que enfrentan empresas y
hogares.

Esto introduce una pregunta particularmente relevante para Chile: ¿qué ocurre cuando la política monetaria, fiscal y macroprudencial apuntan simultáneamente en una dirección neutral o contractiva en una economía con bajo crecimiento?

La discusión no es trivial. Una TPM coherente con la convergencia de la inflación, una política fiscal comprometida con recomponer sus equilibrios y un sistema financiero al que se exige simultáneamente mayor capital pueden ser decisiones perfectamente justificables consideradas individualmente. Sin embargo, la suma de políticas razonables por separado no necesariamente produce una combinación macroeconómica óptima.

Este punto adquiere mayor importancia cuando actividad, inversión y empleo muestran debilidad. En otro contexto, cifras de crecimiento (-0,3% el primer semestre) y desempleo (9,5%), como las actuales probablemente habrían llevado a una respuesta macroeconómica más claramente expansiva. Hoy los grados de
libertad son menores.

Existe además una característica particularmente interesante del instrumento: su valor no está solamente en acumular capital, sino también en poder liberarlo oportunamente. Ese es probablemente uno de los desafíos que enfrentará la política macroprudencial chilena en los próximos años: construir una función de reacción suficientemente predecible, donde el mercado comprenda no solo las condiciones bajo las cuales el buffer aumenta, sino también aquellas que justificarían su
reducción o liberación.

Basilea III hizo al sistema financiero chileno más resiliente y sofisticó considerablemente su regulación. Pero también obliga a sofisticar nuestra discusión macroeconómica.

Ya no basta con preguntarnos si la política monetaria es expansiva o contractiva. Debemos comenzar a mirar el policy mix completo: política monetaria, fiscal y financiera.

Porque en una economía débil, el riesgo está en que distintas políticas prudentes, actuando simultáneamente, terminen amplificando el mismo ciclo que buscan estabilizar.

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Alejandra Becerra

Coordinadora de Comunicaciones Externas, PwC Chile

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