Trump, la Fed y el Banco Central de Chile.

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  • Enero 14, 2026

Escrito por:

Patricio Jaramillo
Director Riesgo Financiero

“La independencia del banco central ha funcionado como un mecanismo institucional creíble para aislar la política monetaria de presiones de corto plazo, contribuyendo a la estabilidad macroeconómica".

La reciente acusación legal del Presidente Donald Trump al presidente de la Reserva Federal (FED) Jerome Powell, en conjunto a otras presiones ejercidas desde 2018, constituyen uno de los desafíos políticos más explícitos a la independencia de la Fed en la historia reciente de Estados Unidos, reabriendo un debate que se consideraba resuelto en economías avanzadas desde la década de los 90’s.

La literatura económica ha establecido de manera consistente que la autonomía (del poder político) de los bancos centrales constituye una respuesta institucional al problema de inconsistencia temporal de la política monetaria, permitiendo anclar expectativas de inflación y reducir sesgos inflacionarios sin costos persistentes en crecimiento o empleo. El problema de inconsistencia temporal, en términos simples, significa que una política, que puede ser óptima hoy, eventualmente deja de ser óptima mañana cuando llega el momento de cumplirla.

Los trabajos seminales de Kydland y Prescott (1977) y Barro y Gordon (1983) sentaron las bases teóricas de este argumento, mientras que evidencia empírica posterior – Cukierman (1992) y Alesina y Summers (1993), entre otros – documentaron una relación robusta entre mayor independencia y menores tasas de inflación.

La reacción de la comunidad internacional de bancos centrales frente a las presiones del presidente de EEUU ha sido clara. A través de discursos, informes y lineamientos promovidos por el Banco de Pagos Internacionales (BIS), el Fondo Monetario Internacional (FMI), y otros organismos internacionales, se ha reafirmado que la autonomía operativa y la credibilidad institucional de los bancos centrales no constituyen un privilegio tecnocrático, sino un elemento esencial para la estabilidad macroeconómica y financiera.

En particular, el BIS ha enfatizado que la efectividad de la política monetaria depende críticamente de su capacidad para mantenerse aislada de ciclos políticos y de presiones distributivas de corto plazo, especialmente en contextos de alta incertidumbre global, tensiones inflacionarias y shocks financieros (BIS, 2025).

La opinión del BIS en este tema es clave, ya que es el banco central de los bancos centrales y suele congregar en la ciudad de Basilea, Suiza, a los banqueros centrales y reguladores financieros en torno a principios y normativas en política monetaria y financiera que terminan normando los mercados financieros a escala global.

En este marco, el caso del Banco Central de Chile constituye una aplicación particularmente ilustrativa. Desde la promulgación de su Ley Orgánica Constitucional en 1989, Chile adoptó un diseño institucional que combina autonomía legal, independencia operativa y un mandato claro de estabilidad de precios.

Estudios históricos e institucionales (Bianchi, 20092016 y Céspedes y Valdés, 2006), muestran que este marco ha sido clave para consolidar la credibilidad de la política monetaria y reducir de manera sostenida la inflación durante las últimas décadas en nuestro país.

Evidencia empírica para América Latina refuerza esta interpretación. Trabajos del FMI que incluyen a Chile dentro de índices comparativos de independencia para la región encuentran que los países con mayor autonomía formal y efectiva exhiben un mejor desempeño inflacionario (Jácome y Pienknagura, 2022).

En conjunto, la experiencia chilena es consistente con la literatura internacional: la independencia del banco central ha funcionado como un mecanismo institucional creíble para aislar la política monetaria de presiones de corto plazo, contribuyendo a la estabilidad macroeconómica.

Al mismo tiempo, el debate reciente enfatiza la necesidad de complementar dicha autonomía con mecanismos robustos de rendición de cuentas y transparencia, especialmente a medida que los bancos centrales amplían su rol hacia ámbitos como la estabilidad financiera, la administración delegada de activos o la publicación de cifras y estadísticas.

Este renovado cuestionamiento a la independencia de los bancos centrales no es meramente retórico. Refleja tensiones estructurales entre democracia, política económica y estabilidad macrofinanciera, lo que obliga a repensar como los fundamentos teóricos e institucionales que justifican la autonomía monetaria son comunicados a la ciudadanía. Sin ir mas lejos, en el delirio tras las propuestas constitucionales recientemente discutidas en nuestro país, se puso sobre la mesa discutir la autonomía del Banco Central, idea que afortunadamente no prosperó.

Si bien, en la actual coyuntura la mayoría de la evidencia está en favor de los bancos centrales, hay un talón de Aquiles en la argumentación, en favor de la incidencia política en el que quehacer de los institutos emisores, y es que las sucesivas políticas de quantitative easing o relajamiento cuantitativo promovidas desde Hacienda o el tesoro en el caso de Estados Unidos y Europa, han sido una de las causas del aumento explosivo de la deuda pública y un relajamiento evidente de los límites en términos de independencia gestada desde los propios bancos centrales.

Esta realidad no se puede obviar, ya que de mediar alguna crisis de deuda en algún país avanzado o emergente no se podrá separar la responsabilidad entre la política fiscal y la política monetaria.

En el caso de Chile, el artículo 27 de la LOC prohíbe al Banco Central otorgar financiamiento directo o indirecto al Estado, sus organismos o empresas, permitiendo sólo adquisiciones en el mercado secundario en situaciones excepcionales y transitorias definidas por el Consejo con quórum calificados.

Así, en ambas dimensiones, el marco institucional de la política monetaria en Chile, ha demostrado hasta ahora incluso estar en mejor pie que en la mayoría de los países desarrollados y emergentes, lo que sin duda se convierte en un activo para el país en estos tiempos.

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Alejandra Becerra

Coordinadora de Comunicaciones Externas, PwC Chile

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