Benjamín Barros
Socio Asesoría Legal y Tributaria
"Cada nueva versión alimenta la expectativa de que habrá otra más adelante. Y cuando eso ocurre, lo excepcional termina convirtiéndose en regla. Así, ésta debería ser la última vez que vemos estas medidas excepcionales, porque hasta ahora la experiencia nos dice que caballo ganador repite."
El gobierno tiene motivos para celebrar. Su proyecto de Reconstrucción fue aprobado y está próximo a convertirse en ley. Por primera vez en muchos años, las cargas fiscales van a disminuir, apostando al crecimiento, y a un mayor dinamismo de la economía. Sin embargo, el proyecto también incorpora medidas transitorias para obtener recursos inmediatos. Entre ellas, están un sistema extraordinario y voluntario para declarar bienes o rentas mantenidos en el extranjero, y un impuesto único aplicable temporalmente a determinadas utilidades acumuladas en las empresas. En el primer caso, sería la tercera oportunidad en que se dicta este tipo de norma para regularizar activos en el exterior. En el segundo, la cuarta vez que se utiliza un mecanismo similar bajo gobiernos de distinto signo político. A esto se suma la posibilidad de donar, por una sola vez y durante un año, parte del patrimonio pagando solo la mitad del impuesto correspondiente, medida que diversos especialistas prevén tendrá una elevada recaudación.
Muchos expertos coinciden en que no se trata de una buena política pública, ya que privilegia ingresos inmediatos a costa de una mayor recaudación futura. El problema no es que sean normas transitorias, excepcionales o extraordinarias, sino que han dejado de serlo. Cada nueva versión alimenta la expectativa de que habrá otra más adelante. Y cuando eso ocurre, lo excepcional termina convirtiéndose en regla. Así, ésta debería ser la última vez que vemos estas medidas excepcionales, porque hasta ahora la experiencia nos dice que caballo ganador repite.