No luches contra la regulación, mejor reprográmala.

Artículo escrito por Alison Kutler y Antonio Sweet – Strategy+Business

Traducción: PwC Colombia

Las empresas y el gobierno deberían considerar la regulación como un sistema operativo, en donde la plataforma es actualizada de una forma colaborativa, fomentando la innovación y el bien común.

Es de admirar cuando un líder emprendedor busca estar más comprometido con el gobierno, especialmente cuando se trata del cofundador de Microsoft: Bill Gates, una de las personas más influyentes en la historia de la industria informática y de software. En una entrevista en febrero del 2018 el tecnólogo se convirtió en filántropo, afirmando que las compañías tecnológicas son demasiado hostiles a sus regulaciones.El inventor del sistema operativo de PC más popular del mundo ve a sus contemporáneos pagando el precio por la fuerte oposición que le hacen al escrutinio del sector público. Pero, aunque Gates identificó el problema, la solución requiere dar un paso atrás y mirar objetivamente la relación entre los negocios y la regulación.

 

Pero, aunque Gates identificó el problema, la solución requiere dar un paso atrás y mirar objetivamente la relación entre los negocios y la regulación. Los líderes de las empresas deberían pensar en la regulación gubernamental como un sistema operativo, una estructura que determina qué tan bien funcionan. En lugar de ver la regulación como una restricción para la innovación y el emprendimiento deberían pensar en su estrategia para trabajar mejor con el gobierno y construir conjuntamente mientras establecen un nuevo código.

El sistema operativo de los computadores o de los teléfonos inteligentes, ya sea Windows, iOS, Android, Linux u otro sistema, son la base en donde se encuentran las aplicaciones favoritas de cada persona; es el conjunto integrado de códigos que habilita y regula las capacidades de estas aplicaciones. Probablemente se da por sentado su funcionalidad, porque rara vez se interactúa directamente con el sistema operativo; y aunque opera detrás de cámaras, este también es una fuente consistente de interés público. Los ejecutivos de tecnología realizan grandes inauguraciones en auditorios llenos de desarrolladores y fanáticos para sus nuevos lanzamientos; estos líderes reconocen la importancia de estar en sintonía con la última y más grande arquitectura de sistema operativo porque saben que sirve como plataforma y como herramienta para la innovación.

Ahora, imagina una compañía como si fuera una aplicación ¿cuál es su sistema operativo? ¿qué regula sus capacidades e interacciones? Nos guste o no, la respuesta es el gobierno, no solo la política, sino la forma en que se implementa y se diseña.

Con frecuencia los empresarios suponen que la relación entre el gobierno y el sector privado es (y debe ser) antagónica. Se imaginan dos fuerzas opuestas, cada una fijando sus límites de control. Pero si se visualiza el gobierno y las empresas como plataformas que interactúan entre sí, resulta evidente por qué el código se aplica tanto a la tecnología como a la ley. Un líder empresarial exitoso trabaja con la regulación de la misma manera en que un desarrollador exitoso de aplicaciones trabaja con el sistema operativo de cualquier compañía: lo prueba, brinda formas innovadoras de obtener resultados dentro de las limitaciones del sistema y ofrece orientación, donde sea posible, para ayudar a que el sistema sea más eficiente, más justo y más valioso para los usuarios finales.  

Al igual que el lenguaje informático de un sistema operativo, los códigos legales y regulatorios siguen reglas diseñadas que son reconocibles para aquellos que están capacitados apropiadamente. A medida que los legisladores, reguladores y otros funcionarios escriben ese código, buscan información de las partes interesadas a través de diferentes audiencias y comentarios públicos sobre las reglas propuestas. Los responsables de la política confían en las constituyentes, las presentaciones públicas y el análisis de respuestas, de la misma manera que los diseñadores de software usan beta testers, informes de errores y comentarios de los desarrolladores, para depurar y validar el código antes de implementarlo en todo el sistema.   

Desafortunadamente los políticos y los líderes empresariales no siempre aceptan lo que los desarrolladores de software saben acerca de la innovación colaborativa.  ¿Cuánto tiempo tardaría desarrollar un teléfono inteligente si sus fabricantes no trabajaran estrechamente con personas externas a su departamento de ingeniería?; el resultado sería un sistema que no tiene en cuenta las necesidades reales de la gente, o peor, personas que consideran que no son compatibles con el producto.

 

Los formuladores de las políticas podrían tener un mejor resultado al manejar un intercambio de información (una interoperabilidad) que haga que el software sea más efectivo. Cuando los sistemas empresariales son demasiado diferentes entre sí, las personas luchan contra la falta de familiaridad con el sistema. También se topan con problemas de interoperabilidad cuando intentan funcionar en medio de múltiples sistemas. Un equipo de desarrollo de un producto puede invertir una cantidad de recursos para diseñar y construir algo que funcione perfectamente en un dominio de sistema operativo, pero que en otro sistema se ralentice o se congele por completo.

Estos son los mismos problemas que enfrentan las empresas al cruzar fronteras políticas. La barrera no tiene que ser tan grande como un océano; incluso mudarse de una ciudad a otra puede generar problemas de interoperabilidad. Confrontar los códigos legales de un nuevo país o jurisdicción es como trabajar con un nuevo sistema operativo. Se requiere de una adaptación a la experiencia de cada cliente. Las diferentes jurisdicciones con diferentes conjuntos de códigos crean más complejidad y exigen que los que están a cargo de la regulación dentro de cada compañía desarrollen conocimiento y fluidez en cada región para que el producto sea un éxito.

 

Pensando como un generador de código

Algunos líderes empresariales reaccionan imparcialmente ante las restricciones regulatorias; encuentran formas de ganar dinero a través de prácticas que interiorizan reglas, se vuelven complacientes y reacios al riesgo. Por otro lado, existen líderes que ignoran que deben cumplir reglas, que les parece que no les aplica, y al final tienen que enfrentarse a cargos por no cumplir con sus obligaciones.

 

Al adoptar la forma en que opera una compañía de software con respecto a su sistema operativo, encontramos que estos obstáculos son manejables. Con la estrategia política correcta y aliados fuertes se puede cumplir con los objetivos regulatorios y al mismo tiempo mantener un negocio rentable. Así como los desarrolladores de productos que fomentan el trabajo en equipo como el Bluetooth, USB y protocolo de internet (IP), las empresas pueden motivar a los funcionarios públicos a que, por medio de unificar y codificar acuerdos, simplifiquen la complejidad de sistema.

Para los responsables de la formulación de las políticas en el gobierno el pensar en las prácticas regulatorias como un sistema operativo puede ser la mejor manera de mantenerse al día con los rápidos cambios geopolíticos y tecnológicos. Esto hará que el código reglamentario sea menos dispendioso y más efectivo. Los funcionarios podrían avanzar en la dirección correcta al actualizar el código con mayor frecuencia: publicando nuevas políticas que representan los valores cambiantes de sus constituyentes, invirtiendo el diseño anterior y forzando a los sistemas comunes a fragmentarse. Esto también puede ayudar a mantener parte del propósito del código original; acuerdos como el NAFTA y organizaciones como la Unión Europea tenían la intención de hacer la vida más fácil para los negocios, después de la votación del Brexit y del aumento del nacionalismo en otras partes de Europa, pueden surgir nuevos ajustes al código, a medida que los líderes del gobierno reconsideren sus ideales iniciales y traten de mantener la Unión Europea.

Los líderes empresariales, por su parte, pueden adoptar una filosofía de confianza tecnológica: garantizar que se tengan en cuenta las inquietudes de la sociedad cuando traen productos de vanguardia al mercado. Idealmente, eso implicará un enfoque autorregulador “liderado por el ejemplo" para ganar la confianza de los funcionarios públicos y establecer el estándar para los competidores. Luego, conscientes de los constantes cambios disruptivos, pueden hacer que las personas que están a cargo del sistema regulatorio se involucren más de cerca en el proceso de escritura de códigos.Anticipamos el día en que los legisladores y los líderes de la industria "compitan entre sí" en las nuevas regulaciones, estableciendo colectivos basados en el consenso para desarrollar nuevas políticas que los participantes puedan monitorear y hacer cumplir. Las empresas deben evaluar estas opciones para ver si son alternativas factibles al proceso tradicional de formulación de políticas. Al mismo tiempo, los funcionarios públicos deben identificar las acciones corporativas que consideran que no son de interés público y diseñar incentivos que desalienten estas prácticas.

Llegar allí puede no ser tan difícil como parece. Cuando Bill Gates abogó por la cooperación, sus palabras reflejaron su larga experiencia personal. Existe un gran valor tanto para el gobierno como para las empresas al aprender a aprovechar estratégicamente los marcos regulatorios como sistemas operativos viables que fomentan la innovación y la competencia al mismo tiempo que promueven el bien común.