Tramos intermedios del impuesto global complementario y un sistema desintegrado: las ideas detrás de la reforma que gravará a las personas

Fecha: 22-05-2022
Medio: El Mercurio

Separar el pago de impuestos personales del de impuestos corporativos es clave en el diseño que trabaja el Ejecutivo, porque implicará que las personas naturales que tributan por sus rentas obtenidas del capital ya no podrían descontar parte del impuesto que pagan sus empresas. Aunque preliminares, las estimaciones del Ejecutivo son que por los cambios al IGC se recaudaría del orden de 0,2% del PIB en cuatro años, y por efecto de separar el sistema, otro 0,8%.

Para que las personas también paguen impuestos, el sistema tributario chileno contempla ocho tramos de rentas provenientes del trabajo dependiente y/o también del capital. La obligación es de carácter progresivo, donde el que gana o tiene más, paga más. El primero se llama Impuesto Único de Segunda Categoría a los Sueldos, Salarios y Pensiones (IUSC), y se aplica a las rentas superiores a 13,5 UTM, unos $777.019 al mes. El segundo es el Impuesto Global Complementario (IGC), y lo pagan quienes tienen acciones o son socios en una empresa, y cuando hay repartición de utilidades reciben dividendos por eso.

Según datos del Servicio de Impuestos Internos (SII), en 2021 los ingresos tributarios consolidados netos alcanzaron $45.283.765 millones (en pesos nominales), algo así como US$ 53.260 millones (con el tipo de cambio observado al 31 de diciembre de 2021), o un 19% del Producto Interno Bruto (PIB) de la fecha. Del total, el IUSC y el IGC aportaron unos US$ 4.300 millones, más menos un 1,5% del PIB, precisamente la misma cifra que el Gobierno espera duplicar, en cuatro años, en impuestos personales con su proyecto de reforma. De acuerdo con quienes conocen del trabajo de Hacienda, parte importante de aquello se sustentaría en gravar con mayores tasas los tramos intermedios en Global Complementario, el cual también tiene un primer tramo exento y siete tramos con tasas desde 4% a 40%.

En el diseño es clave, además, la desintegración total del sistema tributario chileno, porque con eso los contribuyentes personas naturales que pagan IGC ya no podrían descontar de este una fracción de lo que sus empresas o sociedades pagan como Impuesto de Primera Categoría por las utilidades que obtienen. Esto no es menor si se considera que, por ejemplo, en 2021 el IGC aportó en ingresos tributarios consolidados unos US$ 274 millones, un 0,1% del PIB. Aunque preliminares, las estimaciones del Ejecutivo por los cambios al IGC proyectan que se recaudaría del orden de 0,2% del PIB en cuatro años, mientras que por efecto de desintegrar definitivamente del sistema, aproximadamente otro 0,8% del PIB.

'Hasta ahora entiendo que la propuesta en elaboración por Hacienda va en la línea de aumentar los tramos intermedios del IGC. En la línea de simplificar, una alternativa a evaluar es reducir los tramos, los que actualmente son siete', dice el socio de Sapag&González Abogados, Bernardo Marchant.

Marchant, quien fue director de la Dirección de Grandes Contribuyentes del SII hasta 2011, fue parte del grupo de expertos que asistieron a la primera instancia técnica de diálogos ciudadanos que lideraron el ministro de Hacienda, Mario Marcel, y la subsecretaria del ramo, Claudia Sanhueza.

En su opinión, si Teatinos 120 lleva adelante ese diseño, también se debe evaluar ampliar la base de contribuyentes personas naturales, reduciendo el tramo exento para concientizar a un número mayor de ciudadanos en las responsabilidades que implica financiar el gasto fiscal. 'El problema es de base y se solucionaría desintegrando el sistema. Desintegrar el sistema integrado de las rentas empresariales debería aumentar la recaudación, porque se fija un piso de 27%. El 100% de las utilidades queda afecto a una tasa que se determine, desapareciendo la progresividad actual que incluso da origen a devoluciones del 100% del impuesto pagado', detalla.

La socia de Recabarren & Asociados, Soledad Recabarren, complementa el punto, aclarando que hoy la tributación de las personas naturales en Chile, según la información que da el SII, implica que quien gana $777.020 mensuales paga $115.000 aproximadamente de impuesto al año (con una tasa de 4%), y quien gana $18 millones al mes paga $70,7 millones al año (con una tasa de 40%), esto es, cuatro meses del año trabaja para el fisco y ocho meses para él. Lo relevante es el número de contribuyentes en estos tramos, pues en el tramo del 40% solo hay 7.900 contribuyentes. En el primer tramo que paga impuesto del 4% hay 1.673.431 contribuyentes.

'Sobre las 50 UTA ($4.000.000 al mes) hay 389.916 contribuyentes. Si a cada uno de ellos suben su carga tributaria media en un punto, se podrían recaudar US$ 270 millones en un cálculo simple', acota.

Es que los impuestos personales en Chile son bajos, afirma Rodrigo Benítez, socio líder BLTA: representan solo del 9,8% del total de recaudación, es decir, 2,5 veces menos que el promedio OCDE, que es de 24,1%, según cifras al 2018. Más aún, hasta el 2016, en promedio, los países OCDE recaudaban por impuestos a la renta personal un 8,2% del PIB, y Chile lo hacía en 1,8%, 4,5 veces menos, excluyendo seguridad social.

'En Chile existe bastante espacio en materia de impuestos personales, como lo son el Impuesto de Segunda Categoría e Impuesto Global Complementario. Por ejemplo, a nivel comparativo de pago de impuestos, una persona que tiene un ingreso mensual de $2 millones ($24 millones anuales), en Nueva Zelandia pagaría en impuestos anualmente $3,7 millones; en Australia, $2,7 millones; en Canadá, $3,6 millones; en Reino Unido, $2,2 millones; en Irlanda, $4,8 millones, pero en Chile solo $0,8 millones', afirma.

Por eso es que, tras participar de los diálogos con Hacienda, estima que la fórmula por la que Teatinos 120 se inclinaría sería la de aumentar las tasas progresivas en los tramos intermedios, por ejemplo, para que quienes tienen ingresos superiores a $2 millones (35 UTM) estén afectos por sus rentas sobre dicho monto a tasas más altas de impuesto. Cree que es viable progresivamente aumentar esa tasa, que hoy es de 8%, hacia un 15%, pero también mantener los tramos exentos o el primero, que se grava con una tasa de 4% para rentas más bajas, para proteger a los contribuyentes de menos recursos.

¿Qué debiera privilegiar el Gobierno en materia de impuestos personales? 'En Chile, el 75% de las personas están exentas de impuesto a la renta personal, mientras que a nivel de la OCDE un 75% o más está afecto. Ese es un primer punto que debería abordarse, esto es, ajustar el tramo exento. Asimismo, se deberían reestructurar los tramos de impuesto global complementario: en Chile tenemos ocho tramos y en la OCDE, en promedio, son cuatro tramos. Otro punto para revisar es la tributación de las ganancias de capital, cuya tributación se podría mejorar en progresividad', responde la socia del Departamento de Asesoría Legal y Tributaria de PwC Chile, Loreto Pelegrí.

Al igual que Benítez, coincide en que si la tasa promedio de tributación efectiva de impuestos finales en la OCDE es cercana al 43% y en Chile con el sistema parcialmente integrado es de 44,45%, no hay margen para tratar de cumplir la lógica redistributiva con aumentos de tasas en los tramos de ingresos más altos, hoy del 40%. 'Creo que lo más importante es el ataque a la evasión. Se podría, por ejemplo, implementar la declaración de ingresos no renta; todos aquellos conceptos que erosionan la base que requieren ser controlados con mayor detalle', añade la abogada.

Los impuestos personales en Chile ya son altos, pero también existe una importante evasión en impuesto a la renta que requiere un SII con mejor gestión, que ejecute fiscalizaciones más proactivas y menos reactivas, más focalizada en temas de fondo que de forma, afirma Juan Alberto Pizarro, director ejecutivo de la Comisión Tributaria del Colegio de Contadores de Chile: 'Si se considera que las personas también contribuyen con IVA, con contribuciones y otros impuestos, y adicionalmente las familias en Chile tienen nula posibilidad de rebajar su base imponible, lo que sí ocurre en otros países OCDE, esto puede ser una carga mayor. El impuesto a las personas, al ser progresivo, aumenta su recaudación a medida que aumentan sus ingresos, y el gran desafío es cómo hacer que el 75% de la población exenta de impuestos personales pasa a mayores niveles de ingresos', sostiene.

Impuesto a la riqueza: ¿riesgo de doble tributación?
Un impuesto a la riqueza reemplazará al denominado impuesto a los súper ricos, proyecto que quedó en el Congreso. El ministro de Hacienda, Mario Marcel, ha dicho que este nuevo impuesto aportará un 0,5% del PIB y que abarcaría el patrimonio inmobiliario y financiero, así como las herencias y donaciones entre personas. Por altos patrimonios se entiende más de US$ 8 millones.

'Al parecer, la intención apuntaría a que la base de aplicación de impuesto fuera más amplia, esto es, abarcando a un grupo mayor de personas que la idea original. Independientemente de que sea una base más amplia de contribuyentes, estamos siempre frente a un impuesto al patrimonio, el cual grava la riqueza ya generada y que ya pagó impuesto a la renta, por lo que existe una doble tributación al pretender gravar rentas acumuladas que ya pagaron impuesto en su oportunidad', comenta Pelegrí.

Una visión que comparte Bárbara Veloso, socia de Consultoría en Personas de EY, quien sostiene que un impuesto a la riqueza tiene el riesgo de generar una doble tributación, porque, por una parte, grava las rentas generadas anualmente sobre las inversiones y contribuciones por los bienes raíces y, por otra parte, el patrimonio o riqueza que componen esos mismos bienes. 'Es complejo proyectar un impuesto al patrimonio que cumpla con las expectativas de recaudación propuesta, debido a las dificultades que presenta su aplicación. La experiencia en el extranjero así lo ha mostrado; la recaudación de rentas en el extranjero en estas jurisdicciones es de niveles bajos', recalca.

'Según lo que se observa en la práctica comparada, este es un impuesto complicado, que tiene impacto en el ahorro y el stock de capital, presenta altos costos de cumplimiento y fiscalización. Existen problemas de valoración, tratamientos de las deudas vinculadas al patrimonio y deslocalización internacional de contribuyentes, entre otros. En cualquier caso, cualquiera sea su nombre, los bienes o activos que se graven en lo posible no deben redundar en gravar dos o más veces el mismo patrimonio, y reconocer los pasivos o deudas correlativos', complementa Marchant.

De ahí que Benítez señale que para crear un impuesto al patrimonio de manera eficiente se deben reconocer como créditos los otros impuestos al patrimonio que existen, de manera que del impuesto resultante se deberían poder descontar las contribuciones de bienes raíces, la sobretasa, el impuesto de patentes municipales y los impuestos al patrimonio que se ha pagado por los bienes en el extranjero.

La experiencia en el mundo es que en los lugares en que se ha implementado el impuesto al patrimonio su recaudación ha sido muy poca o casi nula, razón por la que ha ido desapareciendo o se ha desechado, acota Pelegrí. Además, recalca, es de muy difícil fiscalización por parte de la autoridad.

Salida de capitales
Aunque se sabe poco de detalles, anuncios de cambios en impuestos personales y un impuesto a la riqueza pueden alentar a una mayor salida de capitales de residentes respecto de lo que ha visto el país en los últimos dos años, coinciden los expertos.

'Las personas e inversionistas buscan jurisdicciones con una relación riesgo/rentabilidad adecuada. Chile compite con países emergentes por atraer inversión y talento que potencie su crecimiento; más impuestos a las personas e impuesto a la riqueza van en sentido contrario. Solo como dato: desde octubre 2019 a la fecha han salido más de US$ 32.000 millones a países y localidades que antes no recibían inversiones desde Chile; por ejemplo, Miami y Uruguay', resume Pelegrí.

Recabarren plantea que si este nuevo impuesto incrementa la carga total del contribuyente y si se piensa, además, mover los tramos para que paguen más impuesto a la renta, se desintegra la tributación empresa/dueño de empresa y, con eso, la carga tributaria de los chilenos de altos ingresos se empezaría a acercar a un 70%. 'La rentabilidad, el riesgo país y las cargas tributarias en el exterior son mucho mejores que en Chile. Por eso han salido muchos capitales al exterior, y si incrementamos fuertemente la carga tributaria, esto solo aumentará', acota.

Complementa Benítez: 'Este tipo de impuestos al patrimonio incentiva la salida de riqueza desde Chile, de manera que se invierte en otros mercados, y las rentabilidades que generan benefician a otras economías. La política fiscal de Chile siempre ha estado basada en impuestos a la renta o el incremento de patrimonio de las empresas y personas. La problemática de colocar impuestos al patrimonio es que incluso puede haber pérdidas o disminuir el patrimonio, pero igualmente se debe pagar impuestos, por lo que para financiar el pago deberá liquidarse parte de dicho patrimonio'.

'El que un residente en Chile invierta en el exterior no lo libera de pagar impuesto a la renta por las utilidades percibidas, ni pagar impuesto al patrimonio', precisa Recabarren. aunque estima grave esta salida de recursos, porque se traduce en menos crecimiento. ¿Y por qué? Porque este nuevo impuesto también tendría un efecto en la competitividad del mercado de capitales chilenos, advierte Pizarro.

'Chile tiene un mercado de capitales pequeño, pero importante en términos relativos. El capital financiero rápidamente se establecerá en aquellos países que le entreguen mejores condiciones de certeza jurídica y rentabilidad. Un impuesto al patrimonio afecta finalmente la rentabilidad del mismo, por tanto una tasa adecuada es clave. En algún momento se planteó 2,5%, una tasa excesivamente alta de solo pensar que inversiones de bajo riesgo podrían estar rentabilizando en torno a ese porcentaje', asegura.

Respecto del aporte de los diálogos sociales la expectativa existe, pero es realista. 'Soy muy optimista de que estos diálogos sean muy provechosos. Quienes hemos dedicado una vida al análisis y aplicación práctica de los impuestos tenemos mucho que aportar para perfeccionar el sistema', comenta Benítez.

'Entendemos que gran parte del proyecto ya está redactado, pero esperamos que algunas presentaciones permitan mejorar ese proyecto', sostiene Recabarren, punto en el que coincide Pelegrí: 'Si en algo pueden influir las exposiciones que se hicieron es en la parte más de detalle de la reforma, ya que la obra gruesa debiera estar lista'.

Marchant, por último, destaca que su estudio participó, 'porque creemos en este proceso' y que resta ver si ello se traducirá en consensos.

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Mabel González

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