Opinión | La lección de la primera vuelta

Fecha: 03-12-2021
Medio: El Mercurio 

La Carta Magna estableció en el año 1215 una norma fundamental que aún hoy se considera subsistente en el moderno Estado de Derecho: que los impuestos sean aprobados por quienes los deben soportar. En Chile, no obstante la existencia de una democracia representativa, este principio se encuentra muy debilitado.

En efecto, en las elecciones participa menos del cincuenta por ciento de los ciudadanos y de aquellos que votan, muy pocos se encuentran familiarizados con el sistema tributario, cada vez más complejo y asequible solo a un grupo de iniciados. Este mismo desconocimiento explica el pobre debate tributario entre los principales candidatos a la presidencia, uno de los cuales redujo la cuestión a una simple disyuntiva: votar por el que quiere cobrarles más impuestos a los ricos o votar por el que quiere cobrarles menos.

Tampoco ayuda a su entendimiento que las reformas tributarias propuestas se expliquen en términos económicos como porcentaje de puntos del PIB, concepto que ni los propios candidatos manejan con certitud; o que la discusión se exprese con un lenguaje cada vez más ideologizado, como cuando se alude a la función redistributiva del sistema, que más parece reflejar la idea de revancha que de solidaridad. Así las cosas, paradójicamente los únicos que verdaderamente consienten en sus impuestos son los parlamentarios, que al fijar sus remuneraciones, de manera indirecta controlan los tributos que deben pagar, los que, por cierto, requieren también de su aprobación. Lo notable de todo esto es que uno de los candidatos de la primera vuelta supo leer muy bien este fenómeno y les habló a los contribuyentes sin grandilocuencia ni antagonismos.

Los invitó simplemente a volver a ser protagonistas de su destino tributario y a consentir en sus impuestos, como en los viejos tiempos. Los hizo sentir que pueden incidir en aquellos que les afectan en su diario vivir: cuando hacen la compra del supermercado, cuando deben costear sus medicamentos y cuando deben llenar el estanque; y los instó también a aprobar la carga tributaria de sus representantes, bajándoles la dieta, base imponible que consideran desproporcionada, en relación con sus propios ingresos medios. Sí, sin duda, entre tanto despertar sobresaltado, parece que ahora sigilosamente se despertaron un millón de contribuyentes.

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