Opinión | El callejón de la constituyente

Fecha: 07-09-2021
Medio: El Mercurio

Hace unos días atrás, el órgano constituyente, en el marco de las normas del reglamento de la Convención, aprobó la creación de siete comisiones temáticas. Llama particularmente la atención que tres de ellas por separado se refieran a derechos ciudadanos: la comisión de Derechos Fundamentales, Derechos Políticos y Civiles; la comisión de Derechos Fundamentales, Económicos, Sociales y Culturales y Derechos Colectivos de los Pueblos Naciones Indígenas; y la comisión de Medioambiente, Derechos de la Naturaleza, Bienes Comunes y Modelo Económico.

Por otra parte, la comisión Provisoria de Derechos Humanos atribuyó directamente la calidad de 'social' al Estado de Derecho y se propuso establecer un catálogo de derechos desde una dimensión individual, colectiva e intercultural, así como acciones de garantía o protección y determinar los órganos jurisdiccionales encargados de velar por su cumplimiento.

Lo anterior pone en evidencia, desde muy temprano, que la nueva Constitución asegurará a las personas, colectividades, pueblos, e incluso a la propia naturaleza, una multiplicidad de derechos, probablemente como nunca antes, en toda nuestra historia constitucional. Paradójicamente hasta el momento a nadie parece importarle, ni en el pleno ni en ninguna comisión o subcomisión, el costo de todos esos derechos, ni la forma en que el sistema fiscal y el modelo económico procurarán los medios necesarios para su plena realización.

Más inquietante resulta este descuido, si es también bastante evidente, que la Convención propondrá un orden económico que privilegiará una mayor igualdad y otros derechos, por sobre la generación y acumulación de riqueza. El derecho tributario, para muchos el mercader en el sagrado templo del derecho, es también el publicano del sistema que ávido de recaudación, se entromete en todos los intersticios en que advierte capacidad económica, consumo, rentas, lucro, plusvalía, lujo y patrimonio, para así tomar su parte.

Lamentablemente desde la derogación del impuesto a las barbas de la Rusia zarista, el fisco no entra en espacios donde no hay recursos. Así las cosas, si la Convención por convicción o prejuicio cierra o limita los espacios en que todo aquello que parece deplorar brota, se acrecienta y expande, se encontrará ante un callejón sin salida, porque sin impuestos no hay derechos.

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