OPINIÓN | ¿SEÑOR O VASALLO?

Fecha: 08-12-2020
Medio: El Mercurio

A fines de los años noventa, el Servicio de Impuestos Internos encargó a una empresa de investigación de mercado, un análisis de la conducta de los contribuyentes. Como resultado de la encuesta, éstos se clasificaron en categorías tales como los caraduras, los ladrones ocasionales, los grises y los penitentes. En esa misma época fue necesario legalizar el derecho a ser tratado con deferencia por los funcionarios públicos. Ambas situaciones dan cuenta de la profunda degradación del contribuyente, reducido a un mero pagador de impuestos. Mirado con recelo y tratado con rudeza, por una administración que se asume representante del Estado y de su poder soberano, se le exige sin miramientos y como al vasallo, el pago del feudo, la entrega del grano.

¿Pero cuál es verdaderamente el rol del contribuyente en la sociedad actual?

La Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789, aún vigente en Francia, retrata de manera espléndida su posición en un Estado republicano y democrático. Luego de establecer y desarrollar los derechos a la libertad, propiedad y seguridad, indica que, para poder garantizarlos, se requiere incurrir en gastos y que para solventar éstos, es indispensable una contribución común y equitativa. Agrega que los ciudadanos tienen derecho a comprobar la necesidad del aporte y vigilar su empleo.

Si como claramente señala esta Carta de libertades, sin pago de impuestos no puede haber derechos asegurados, los contribuyentes adquieren un rol de garantes de todo el ordenamiento jurídico, incluidos el goce de los derechos sociales, económicos y culturales por los más necesitados.

Así, abandonada la concepción medieval del impuesto, la tributación alcanza una nueva dimensión y recobran sentido muchas instituciones y deberes: el contribuyente ciudadano, puede apreciar la relevancia ética de su contribución, y por ella, debe ser mirado con dignidad y respeto. La elusión y evasión salen de la esfera privada para adquirir una dimensión social, que las agrava y justifica su represión. Por otra parte, el Estado al tener que justificar el tributo, debe emplear los recursos con máxima eficiencia y control, de manera que la finalidad prevista se cumpla y sea constatada. El aporte que los contribuyentes, señores y no vasallos del sistema, hacen de parte de sus bienes y de su trabajo, debe ir en beneficio de la comunidad y del disfrute pleno de los derechos de todos, no del aparato ni de la burocracia estata

El Mercurio

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