Opinión | LAS LECCIONES DE TIBERIO

Fecha: 23-09-2020
Medio: El Mercurio

No obstante que el actual debate constitucional se realiza a nivel de las élites políticas, jurídicas y económicas del país y sin participación ciudadana, se aprecia cierto consenso en la ampliación de derechos, lo que se trata corno una gran novedad, como si no estuvieran ya incorporados en nuestro ordenamiento jurídico, a través de tratados internacionales, como el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, de Naciones Unidas, que Chile se obligó a respetar.

La inclusión de estos derechos en la Carta Fundamental corre el riesgo denunciado por la profesora australiana Rosalind Dixon, en "Los Derechos Constitucionales como sobornos", en el sentido que las fuerzas políticas dominantes usen la oportunidad para realizar reformas estructurales del sistema de gobierno, que les beneficien, como una especie de paga por los nuevos derechos que incorporan, aprovechando que ambas materias serán objeto de una única e indivisible votación.

El otro riesgo se refiere a cómo se financiará el mayor gasto que generen estos derechos, y ya que son los tributos los que solventan el ejercicio de todas nuestras prerrogativas y libertades, la solución fácil y ya difundida es que se incrementarán nuevamente. Lo anterior muestra la forma en que se ha entendido en Chile la cuestión tributaria y que debe cambiar: basta de poner el énfasis exclusivamente en los impuestos, regulándolos hasta sus últimos detalles y haciendo sentir a los contribuyentes como simples deudores, sin reconocimiento de su aporte ciudadano. Una democracia más deliberativa exige un seguimiento pormenorizado del gasto público, así como mayor eficiencia y economía en la ejecución, para optimizar el uso de los recursos. Como indicara un parlamentario español, no puede permitirse que lo que el Estado hace con la mano que recauda, lo destruya con la mano que gasta.

Los recursos tributarios no son ilimitados; mayores tasas no generan necesariamente mayor recaudación, ya que los contribuyentes reaccionarán ante una carga injusta o desmedida, en un mundo globalizado y abierto no solo a los grandes inversores. En el primer siglo de la era cristiana, el emperador Tiberio castigó a los recaudadores inescrupulosos, señalándoles que el pastor esquila las ovejas, pero no las desuella. Usando una analogía hoy inapropiada, enfrentado a nuevas necesidades económicas, optó por limitar la imposición y usar mejor los caudales, reduciendo los gastos superfluos del imperio.

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