Contratos y buena fe

Fecha: 26-11-2019
Medio: El Mercurio

Mejores contratos y, por lo tanto, mejores resultados y obras se logran cuando las partes actúan de buena fe, confían recíprocamente y colaboran. No es necesario inventar la rueda, pues existen instrumentos que apoyan una distribución clara de riesgos y una disciplina robusta para la administración de contratos, lo que fomenta el desarrollo de la confianza mutua.

El ordenamiento legal chileno, como cualquier otra jurisdicción, se basa en una serie de principios. Entre ellos se encuentra la 'buena fe' y/o el 'actuar de buena fe'. Para todos los que trabajamos en el ámbito de los contratos, especialmente aquellos de mayor envergadura tales como infraestructura, energía, o minería, esto es particularmente relevante.

En su artículo 1.546, el Código Civil expresa: 'Los contratos deben ejecutarse de buena fe, y por consiguiente obligan no solo a lo que en ellos se expresa, sino a todas las cosas que emanan precisamente de la naturaleza de la obligación, o que por la ley o la costumbre pertenecen a ella'. En otras palabras, el Código Civil define que cualquier contrato debe basarse en la buena fe de las partes como piedra fundamental, y estas tienen la obligación de actuar en la forma requerida para cumplir con las expectativas de las partes en relación con el contrato. Fuera de Chile destaca el caso de los contratos estándar internacionales, tipo FIDIC1 y NEC2 . Ambos tipos hacen énfasis en la colaboración entre las partes.

Aunque FIDIC no incluye una obligación de actuar de buena fe, esta obligación es implícita al estar incluida en la mayoría de los códigos civiles a través del mundo. Por su parte, el estándar de contrato NEC, en su primer artículo, define que el mandante y el contratista actuarán con un espíritu de confianza mutua y cooperación. La jurisprudencia en la ley inglesa trata la relación entre la colaboración y la buena fe haciendo indicaciones tales como que las partes deben tomar en cuenta los intereses legítimos de ambas al disfrutar de los beneficios de un contrato. En otras ocasiones, se indica que las partes deben actuar de manera honesta, justa y razonable, sin intentar explotar a la otra parte.

EN LA PRÁCTICA DIARIA

En contraste con las definiciones de orden jurídico, en la práctica, nos cuesta confiar en nuestra contraparte. ¿Es verdad que los chilenos somos los más desconfiados del continente? ¿Por qué nos cuesta tanto creer que la persona con que hemos firmado un contrato (de cualquier índole) actuará de acuerdo con su palabra o los compromisos formalmente adquiridos?

¿Por qué el empleador no confía que implementar home office puede generar un aumento de la productividad de sus colaboradores? ¿Por qué un contratista que ha realizado decenas de proyectos para el mismo cliente debe presentar una nueva boleta de garantía de seriedad de oferta como parte de los requisitos de la licitación siguiente? Y a propósito de la coyuntura, ¿por qué una parte relevante de la ciudadanía demanda un nuevo contrato social?

Los ejemplos anteriores ilustran un tema general en las relaciones contractuales, y por qué no decirlo, en la sociedad chilena en su conjunto. La percepción de nuestra ética laboral no parece ser la más alta. Entregar tarde un pedido al cliente no contribuye a mejorar esa percepción. Aun así, las relaciones interpersonales (y/o corporativas) requieren de la confianza mutua. En caso contrario no dejan de ser sino transaccionales y no tienen el ingrediente fundamental para llegar a ser sustentables en el tiempo.

EN LA GESTIÓN DE CONTRATOS

Las tareas al estructurar y gestionar contratos son múltiples. Pero quizás podamos resumirlas en las que indica la figura. Algunas de estas actividades pueden estructurarse e incluso automatizarse (por ejemplo, para la medición de desempeño se pueden utilizar drones con el fin de estimar los volúmenes de avance de obras de un proyecto de gran extensión o con difícil acceso).

Pero hay otras que inevitablemente radican en seres humanos que deben relacionarse entre sí (por ejemplo, la realización de negociaciones de precios aplicables a órdenes de cambio, o el proceso de identificación de riesgos relevantes para el proyecto). La conclusión es que la buena fe es mucho más que un fundamente jurídico o un concepto abstracto. En efecto, es un tema central en la implementación práctica de las relaciones comerciales (como lo es en muchos tipos de relaciones). Su ausencia impide el establecimiento de relaciones de colaboración entre grupos de interés.

Sin buena fe, las relaciones comerciales tenderán a ser tratadas como transacciones de corto plazo y no como cooperación estratégica. Los conflictos escalarán, dado que las personas no pueden encontrar los mecanismos por los cuales las partes pueden compartir los beneficios del contrato. Explotar a la otra parte puede convertirse en el camino para alcanzar los objetivos propios. Y evidentemente las relaciones no se sustentarán en el tiempo, negando las oportunidades de aprendizaje y mejoramiento continuo a través de la cadena de valor, eventualmente perjudicando tanto el negocio del contratista como el de su mandante.

Referencias:

1. Federación Internacional de Ingenieros Consultores – agrupación global de asociaciones nacionales de ingenieros consultores de más de 100 países.

2. New Engineering Contract, del Instituto de Ingenieros Civiles del Reino Unido.


Recuadro

LA BUENA FE COMO PRINCIPIO

Se trata de un tema central en la implementación práctica de las relaciones comerciales (como lo es en muchos tipos de relaciones).

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