La reforma velada: Del absolutismo tributario al pragmatismo fiscal

Ernesto Ríos

Francisco Selamé Socio líder Área Legal y Tributaria PwC Chile.

En la obra “Reflexiones Blasfemas”, Slavoj Zizek se remite a la anécdota de dos pintores de la Grecia clásica, Zeuxis y Parrhasios, que compiten por crear una obra que represente la ilusión de la manera más convincente posible.

Zeuxis pinta unas uvas tan perfectas que los pájaros se chocan contra el cuadro para picotearlas, pero Parrhasios triunfa en la competencia al pintar sobre un muro unas cortinas tan reales que Zeuxis le pide descorrerlas para poder ver el cuadro que se supone se esconde tras ellas.

De la misma manera, la Reforma Tributaria se nos ha presentado, desde su origen y en todo su desarrollo, como una reforma velada y, paradójicamente, por sus propios principios inspiradores, ya que por diferentes razones no ha podido ajustarse a ellos. La cortina de las ideas ha sido una y otra vez, como en el relato griego, una perfecta alucinación.

El primer velo de la reforma se relaciona con su propia génesis: elaborada a puertas cerradas por un conclave de 4 técnicos, pretendió cambiar los paradigmas de un sistema tributario relativamente exitoso, pero considerado anacrónico, injusto y regresivo. En forma de proyecto de ley de suma urgencia pretendió refundar el derecho tributario chileno, bajo los fundamentos de una imposición universal de realización inmediata y garantizada con herramientas de verdadera represión fiscal. Descorrido el velo de este absolutismo tributario, había normas deficientes, atribuciones exorbitantes y manifiestas inequidades que llevaron al Senado a rechazarla.

Tras este fracaso, y en una segunda etapa, la reforma fue recreada bajo el ropaje del consentimiento y el consenso. Aunque fue aprobada de manera democrática por todas las fuerzas políticas luego de un celebrado protocolo de acuerdo, bastaba, sin embargo, una simple lectura de sus normas para advertir que había sido escrita a dos plumas, por dos legisladores antagónicos que corrieron a salvar sus propias ideas tributarias sin mirar al otro. Descorrido el nuevo velo, surgió un cuerpo normativo contradictorio, imposible de armonizar y extremadamente complejo de administrar.

Y así llegamos a una nueva fase, que negando su carácter de reforma a la reforma, se fundamenta en una necesaria simplificación a ella. El maratónico y arduo trabajo del Servicio de Impuestos Internos expresado en más de mil páginas de circulares no fue suficiente para este propósito. Lo irreconciliable no puede simplificarse sino tomando y desechando alternativas, y por lo anterior, este es un periodo de nuevas opciones, pero en que no hay ya espacio alguno para la ideología.

Así las cosas, nuestra reforma velada ha ido desde una especie de dictadura de los impuestos a un relativismo fiscal, para avanzar ahora a una etapa de pragmatismo tributario que no deja de sorprendernos. ¿Por qué haber cambiado lo que funcionaba bien para terminar buscando desesperadamente algo que funcione?”.

Fecha: 2015-11-27
Medio: La Segunda - ENADE 2015

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