La difícil hora cero de la nueva tributación

Ernesto Ríos

Fecha: 14-03-2018
Medio: El Mercurio 

Francisco Selamé, socio líder de PwC Chile.

En el retrato de Luca Pacioli, atribuido por algunos a Leonardo da Vinci, el franciscano considerado el padre de la contabilidad, aparece en una actitud muy serena, mientras trabaja rodeado de libros y elementos matemáticos, y bajo la mirada tranquila de un colaborador.

¿Qué pudo generar entonces en nuestros contadores, cultores de una ciencia que en más de 500 años sigue fundándose en el mismo principio de la partida doble, esa sensación de desazón y vulnerabilidad de que da cuenta la declaración pública emitida recientemente por su Colegio Profesional?

La instauración de un nuevo sistema impositivo que abolió el FUT y sus anexos, requiere ahora en régimen, la elaboración de nuevos y complejos registros, que más allá de la extravagancia de sus siglas, pretenden recoger toda la historia impositiva de las empresas, para fijar la hora cero de la nueva tributación. Todo eso con instrucciones en desarrollo, falta de información y herramientas tecnológicas y en desarmonía con los tiempos normales de elaboración de los balances que le sirven de base y bajo amenaza de multas y sanciones.

Más allá de los debates conceptuales y políticos que han acompañado la reforma tributaria desde su origen, hasta ahora nadie pensó en las dificultades que también enfrentarían los discípulos de Pacioli, enervados o abatidos como nunca, por una tarea que parece exceder sus posibilidades.

 

Cuando nuestro premio nacional de Arte Israel Roa retrató en su pintura "18 de septiembre" la celebración popular de esta fiesta, nos transmitió, como buen exponente del expresionismo, una sensación de desenfado, despreocupación y alegría.

Lo cierto es que sumado a todo el contenido que ya tiene esta celebración y del cual en parte se hace cargo nuestro pintor, debe sumársele su gran significación tributaria y su importante efecto recaudatorio.

Mayor tributación a la renta por los aguinaldos y los infaltables gastos rechazados, porque las celebraciones no generan renta sino para el erario. Mayor recaudación de IVA por el incremento del consumo desde los volantines, la ropa huasa, la carne y las empanadas, y del impuesto a las bebidas que grava al pisco, al pipeño, a la chicha y a la granadina.

Así las cosas, solo falta una cueca que celebre y engalane la fiesta del fisco.
Clarividencia impositiva

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