Integración y resiliencia de la población migrante

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Gabriel Halpern

Fecha: 07-05-2018
Medio: El Mostrador

Gabriel Halpern, abogado de Servicios Laborales de PwC Chile.

¿Por qué una persona decide convertirse en migrante?, ¿qué nivel de desesperación, necesidad o angustia –económica o humanitaria– tiene que existir para que ello ocurra?, ¿qué tan insostenible debe ser la situación para que un ser humano decida renunciar a todo y opte por aventurarse en la sumamente adversa, dificultosa y sorpresiva travesía de la migración?

El fenómeno del “duelo migratorio” (González Calvo V. (2005), El duelo migratorio, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá), al que se expone la población migrante, se trata de una serie de adversidades y traumas producto de entre otras, la separación de los seres queridos, el sentimiento de desesperanza por el fracaso de su proyecto migratorio, la ausencia de oportunidades laborales, la carencia de derechos políticos y sanitarios, amenazas de detención y expulsión, poco apoyo social, prejuicios, discriminación, exclusión, etc.

Este duelo migratorio es real y se concretiza de muchas maneras. En el caso chileno por ejemplo, muchos migrantes están dispuestos a desempeñarse en trabajos que -a esta altura- un gran número de connacionales prefiere no ocupar, y además, muchos migrantes aceptan o se resignan a vivir de forma hacinada y en pésimas condiciones de salubridad (permitiéndonos recordar de alguna manera los cités de comienzos del siglo XX), solo por tener acceso a la oportunidad, a la mera expectativa de ninguna manera garantizada, de obtener un devenir mejor en Chile.

Entonces, ¿por qué una persona decide convertirse en migrante?, ¿qué nivel de desesperación, necesidad o angustia-económica o humanitaria- tiene que existir para que ello ocurra?, ¿qué tan insostenible debe ser la situación para que un ser humano decida renunciar a todo y opte por aventurarse en la sumamente adversa, dificultosa y sorpresiva travesía de la migración?

El hecho de superar este duelo migratorio, significa un fortalecimiento del migrante, y se da porque ha desarrollado resiliencia (Pereda Sagredo, E. (2006). Resiliencia e inmigración, Escuela Vasco Navarra, Bilbao), de manera que quien eventualmente decida contar con los servicios de algún migrante, debe saber que es altamente probable que se encuentre con una persona especialmente fuerte, resiliente, asidua a los cambios y a la adaptación, que ha superado una enormidad de problemas para estar ahí trabajando (Suárez Ojeda, E., (1993). Resiliencia o capacidad de sobreponerse a la adversidad, Medicina y Sociedad, Vol. 16, Buenos Aires).

Así las cosas, sería posible concluir que promover la resiliencia del migrante facilita su procedimiento de integración a la sociedad, respecto a lo cual, este año la OCDE reportó que invertir en favor de la integración del migrante es fundamental para fortalecer su contribución al desarrollo del país receptor (OECD/ILO (2018), How Immigrants Contribute to Developing Countries’ Economies, OECD Publishing, Paris, p.:16.).

En este orden de cosas, el enorme potencial de capital humano resiliente que está intentando integrarse a nuestra sociedad, no es de generación espontánea (por más que hasta el momento solo sea mérito de cada persona migrante que ha logrado integrarse), si no que requiere y es susceptible de incentivos.

¿Cómo se incentiva la comentada resiliencia? Entre otras formas, se ha estudiado que las redes de apoyo familiar y de amistades, atendiéndose su calidad de factores protectores relacionales, resultan fundamentales para desarrollarla. También debe incentivarse la muy positiva repercusión de los factores comunitarios (Santana Darias, L. (2016). Resiliencia e inmigración: Emigrando hacia la adversidad, inmigrando hacia la resiliencia, Universidad de La Laguna, Tenerife.).

En consecuencia, si lo pretendido por el país es que sus migrantes sean resilientes, transformándose así este fenómeno en uno demográfica-social-económicamente muy provechoso para Chile, el nuevo proyecto de ley de migraciones debe implementar una política migratoria promotora de la integración, que a lo menos fomente los factores protectores indicados.

Así las cosas, resultaría conveniente que los artículos referidos al Consejo de Política Migratoria (CPM) y la Política Nacional de Migración (PNM), incluyeran el enfoque integracionista aquí comentado. Esto, puesto que según el articulado propuesto (17 y 155 y siguientes del proyecto de ley, considerando las indicaciones), la función del CPM es asesorar al Presidente de la República, a través del Ministerio del Interior y Seguridad Pública, en la formulación de la PNM que sucintamente trata de fijar el número y tipo de permisos migratorios.

De esta manera, una inclusión de la mirada integracionista debería comprender, a modo de ejemplo, la consagración de instituciones que propicien el aprendizaje de nuestro idioma y cultura, obligaciones de informar a la población local sobre asuntos migratorios de parte del Gobierno, el establecimiento de centros comunitarios y sociales de migrantes, institucionalidad formal que defienda sus derechos e intereses, políticas de vivienda que erradiquen las situaciones de excesivo hacinamiento y combatan los problemas de salubridad, etc.

Sumado a lo anterior, el integracionismo debe entenderse también como el combate contra la estigmatización o problematización de la migración. Así, el CPM también debiese estar conformado por los Ministros del Trabajo y la Seguridad Social, de Educación y de Vivienda y Urbanismo, puesto que en su conformación propuesta (Interior, Justicia, Relaciones Exteriores, Hacienda, Desarrollo Social y Salud, Art. 156), las perspectivas están limitadas principalmente a la seguridad pública, excluyéndose en consecuencia las aristas laborales, previsionales, educativas y de vivienda.

En consecuencia, la normativa migratoria tiene un gran desafío, como lo es no problematizar el asunto migratorio y, además, potenciar su aporte al país por medio de la promoción de la resiliencia e integración. Avanzar por ese camino, permitirá trabajar con la expectativa real de que este país puede crecer de la mano de la población migrante, de forma integrada y en un clima universal de respeto y pacífica convivencia.

 

Cuando nuestro premio nacional de Arte Israel Roa retrató en su pintura "18 de septiembre" la celebración popular de esta fiesta, nos transmitió, como buen exponente del expresionismo, una sensación de desenfado, despreocupación y alegría.

Lo cierto es que sumado a todo el contenido que ya tiene esta celebración y del cual en parte se hace cargo nuestro pintor, debe sumársele su gran significación tributaria y su importante efecto recaudatorio.

Mayor tributación a la renta por los aguinaldos y los infaltables gastos rechazados, porque las celebraciones no generan renta sino para el erario. Mayor recaudación de IVA por el incremento del consumo desde los volantines, la ropa huasa, la carne y las empanadas, y del impuesto a las bebidas que grava al pisco, al pipeño, a la chicha y a la granadina.

Así las cosas, solo falta una cueca que celebre y engalane la fiesta del fisco.
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