Comités de auditoría de alto rendimiento

Ernesto Ríos

Fecha: 02-02-2018
Medio: El Mercurio 

Renzo Corona, socio líder de Auditoría de PwC Chile.

En su función de supervisar el proceso de información financiera y representar los intereses de todos los accionistas, los integrantes de un Comité de Auditoría, con frecuencia, deben cuestionar el juicio de la administración o desafiar sus conclusiones.

En estos días, mientras muchas personas disfrutan de sus vacaciones, otras trabajan arduamente en preparar y revisar información financiera, ya que se acercan las fechas en que las sociedades anónimas abiertas presentan sus estados financieros anuales, mostrando al mercado y a los analistas los antecedentes que les permitirán conocer y formarse una opinión respecto de la “salud y estado físico” que muestra el desempeño de las compañías.

Un rol clave en este proceso lo desempeña el Comité de Auditoría -extrañamente denominado Comité de Directores-, introducido en la legislación chilena en el año 2000, con la promulgación de la denominada Ley de Opas. Este órgano del gobierno corporativo de las empresas, en la medida que se conforme y opere en forma correcta, es de gran relevancia en la supervisión de los procesos asociados a generación de información financiera.

¿Cómo conformar comités de auditoría de alto rendimiento? La efectividad de un Comité de Auditoría depende, en gran medida, de la habilidad y dedicación del presidente del mismo. Este presidente del Comité de Auditoría debe tener el tiempo, los conocimientos y la energía para cumplir su papel y entender los principales riesgos de la información financiera para dirigir la atención del comité. El presidente también necesita un fuerte liderazgo y la habilidad para promover relaciones de trabajo efectivas entre los miembros del comité, la administración y los auditores internos y externos.

En tanto, los integrantes de un Comité de Auditoría deben contar con, al menos, dos atributos relevantes a los efectos de maximizar su efectividad. En primer lugar, es fundamental que posean buenos conocimientos financiero contables. En EEUU, Reino Unidos, Canadá y Holanda, entre otros, se exige que sus integrantes, o al menos uno de ellos, cumplan con ciertos atributos en este sentido, como por ejemplo conocer las normas contables, tener la capacidad de evaluar estimaciones contables, comprender el control interno y tener experiencia en la preparación, análisis, evaluación o auditoría de estados financieros. En este sentido, los ex CEO y ex CFO suelen ser muy buenos candidatos.

Por otra parte, en su función de supervisar el proceso de información financiera y representar los intereses de todos los accionistas, los integrantes de un Comité de Auditoría, con frecuencia, deben cuestionar el juicio de la administración o desafiar sus conclusiones. En ese sentido, la independencia tanto en su pensamiento, acción, apariencia y realidad resulta fundamental. ¿Pero quién define la independencia? Los legisladores y reguladores han definido ciertas normas al respecto; sin embargo, es importante reconocer que un director que cumpla con las normas puede no ser independiente, si otros factores le impiden ejercer con verdadera objetividad.

Finalmente, el alto rendimiento está directamente relacionado con la exigencia y el aprovechamiento al máximo de las capacidades disponibles. Un Comité de Auditoría que toma la senda del alto rendimiento, capitalizará el conocimiento y la experiencia de sus integrantes y, a partir de ello, pondrá su foco en la calidad de la información desde una perspectiva que entregue valor para la compañía y sus grupos de interés.

Cuando nuestro premio nacional de Arte Israel Roa retrató en su pintura "18 de septiembre" la celebración popular de esta fiesta, nos transmitió, como buen exponente del expresionismo, una sensación de desenfado, despreocupación y alegría.

Lo cierto es que sumado a todo el contenido que ya tiene esta celebración y del cual en parte se hace cargo nuestro pintor, debe sumársele su gran significación tributaria y su importante efecto recaudatorio.

Mayor tributación a la renta por los aguinaldos y los infaltables gastos rechazados, porque las celebraciones no generan renta sino para el erario. Mayor recaudación de IVA por el incremento del consumo desde los volantines, la ropa huasa, la carne y las empanadas, y del impuesto a las bebidas que grava al pisco, al pipeño, a la chicha y a la granadina.

Así las cosas, solo falta una cueca que celebre y engalane la fiesta del fisco.
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