¿Son deducibles los gastos por responsabilidad social empresarial?

Tal como impactara hace 50 años el concepto de Marketing, o hace tres décadas la noción de Calidad, hoy en día el criterio de Responsabilidad Social Empresarial (RSE) es uno de los principales temas de interés en los negocios, como fruto de un cambio igualmente gestado en el tiempo en torno a los valores y perspectivas de la actividad empresarial.

En estos tiempos, los empresarios son cada vez más concientes que el éxito comercial y sus consiguientes beneficios no son sostenibles sin un comportamiento responsable hacia los grupos de interés de su compañía. Podremos estar alertas y analizar minuciosamente las señales y tendencias del mercado, o maximizar beneficios a corto plazo, pero ninguna estrategia de negocio será finalmente viable si la empresa no incorpora las preocupaciones sociales, laborales, medioambientales y de derechos humanos de su entorno como parte esencial de su negocio.

Dentro de esta tendencia, cada vez más empresas toman conciencia de que pueden favorecer su propio crecimiento económico y optimizar su competitividad contribuyendo a la solución de los problemas sociales que inciden en su entorno.

En este contexto, las acciones de RSE no son actos desinteresados de filantropía o liberalidad de la empresa –como muchos confunden- ya que su ejecución y puesta en práctica sí tiene expectativas de beneficio corporativo y su estrategia se orienta a la preservación de la empresa, para que ésta pueda seguir prosperando legítimamente en un entorno social cada vez más demandante.

Añadiendo Valor

La responsabilidad social empresarial–RSE (también conocida como responsabilidad social corporativa-RSC), ha sido definida de distintas maneras. Pero en esta aparente diversidad conceptual, hay elementos comunes en casi todos los enfoques. Autorizados tratadistas coinciden en definirla como “la contribución activa y voluntaria al mejoramiento social, económico y ambiental por parte de las empresas, generalmente con el objetivo de mejorar su situación competitiva y agregarle valor a la organización”. Otra definición muy difundida es la de la Comisión Europea: “La RSE es la integración voluntaria por parte de las empresas, de las preocupaciones sociales y ambientales en sus operaciones comerciales, y en las relaciones con sus grupos de interés”.

Precisamente, por ser “voluntaria”, su aplicación va más allá del cumplimiento de leyes y normas, abarcando un conglomerado de estrategias, planes y sistemas tendentes a mejorar las relaciones con la población y grupos de interés, buscando con su praxis la consolidación del desarrollo sostenible de la compañía.

Dicho en otros términos, el desarrollo sostenible corporativo es la condición que se busca alcanzar y mantener, a través de una apropiada ejecución de planes y prácticas orientados a mejorar la relación de las empresas con su entorno social.

Teniendo la RSE como finalidad fortalecer y consolidar el desarrollo de la empresa, su ejecución no constituye un acto de filantropía o liberalidad de las organizaciones, ya que en estos casos lo predominante es el desinterés, el no esperar ningún retorno a cambio de lo que se da, mientras que la RSE opera en el marco del interés mutuo de las partes involucradas, donde todos esperan obtener beneficios. En el caso concreto de la empresa, que viene a ser el ente generador de esta dinámica llamada RSE, los esfuerzos operativos y financieros que conlleva su accionar tienen como objetivo la generación sostenible de mayor valor y rentabilidad para la empresa.

Tampoco la RSE es, simplemente, inversión social; ésta última está referida a la canalización de recursos con el objetivo de mejorar la imagen de la empresa, a través del apoyo a una comunidad o con una acción en particular; la RSE es más plena, completando la articulación con un entorno más amplio, al comprometer recursos humanos y materiales dentro de una visión integral de futuro.

Buscando Sostenibilidad en el Perú

En nuestro país, uno de los principales riesgos que amenaza la sostenibilidad de las empresas, surge de la interacción de éstas con las comunidades aledañas. El conflicto puede desatarse cuando dichas comunidades consideran que están siendo afectadas en su entorno, ya sea por cuestiones económicas, sociales o ambientales, y, lamentablemente, la experiencia nos dice que este impacto ha sido muchas veces altamente conflictivo. En este escenario, resulta evidente que estamos frente a un factor de riesgo que afecta sustancialmente la viabilidad y preservación de los negocios.

Ahora bien, la RSE no funciona como un bombero que apaga incendios, sino como un modelo de gestión que incorpora las expectativas de todos los grupos de interés de la empresa, dentro de una nueva concepción que incorpora como propios los intereses de estos grupos sociales, en el marco de un plan orientado a la prevención, eliminación o reducción de los riesgos sociales que pudiesen afectar la marcha sostenible de los negocios.

Así las cosas, ¿pueden deducirse los desembolsos de RSE para la determinación del Impuesto a la Renta? Una de las características más saltantes de este Impuesto es que el mismo se aplica sobre las utilidades netas de las empresas, debiendo acreditarse para propósitos fiscales que existe causalidad entre el gasto y la generación de renta gravada o mantenimiento de su fuente productora.

Mantener la fuente productiva

La Ley del Impuesto a la Renta indica en su artículo 37 que para establecer la renta neta de la tercera categoría (es decir, la utilidad neta de la empresa), son deducibles de la renta bruta los gastos necesarios para producirla y mantener su fuente, lo que no deja lugar a dudas a que se pueda deducir de los ingresos afectos al Impuesto todos los desembolsos destinados a la prevención de cualquier riesgo que pudiese afectar la rentabilidad, viabilidad o sostenibilidad del negocio.

Dicho de otro modo, los recursos por RSE califican como gastos deducibles para propósitos tributarios, pues atenúan o eliminan los riesgos de una empresa, están preservando para el futuro el mantenimiento de la fuente productiva, que en términos empresariales implican la viabilidad, continuidad o permanencia de la organización empresarial en el entorno social y geográfico en que se desenvuelve .

Conviene destacar, que las matrices de identificación de riesgos, los planes de responsabilidad social para eliminarlos o reducirlos, las acciones de monitoreo y los reportes periódicos de RSE (balances sociales), constituyen documentos de suma utilidad para que, llegado el caso, se pueda demostrar ante la Administración Tributaria la razonabilidad y causalidad del gasto con la preservación o sostenibilidad de la empresa.

Miguel Mur
Socio Principal
PricewaterhouseCoopers