La verdadera crisis que se avecina

Gestión, martes 3 de marzo de 2009
Miguel Mur, Socio Principal PricewaterhouseCoopers

Es momento de comprender a profundidad el nivel de riesgo que enfrentamos ante el panorama de una crisis que ya empieza a afectarnos y que no nos dejará rápidamente.

Si bien el Perú, en el contexto regional, está relativamente mejor posicionado, el imprevisible discurrir de los acontecimientos futuros nos obliga a elaborar un plan de contingencia, que empiece por identificar las amenazas de nuestros negocios y las medidas que deberíamos adoptar para reducirlas o eliminarlas.

Aunque crecer al 50% de lo registrado en el 2008 no es una mala noticia en el contexto de un mundo en crisis, no podemos ignorar que esta desaceleración económica nos pondrá frente a una diversidad de dificultades, algunas de ellas de gran envergadura, tales como problemas de financiamiento, aumento de precios, escasez de insumos, inestabilidad de nuestra clientela y ansiedad para nuestra gente.

Nuestra principal obligación es defendernos de la crisis, jugar en su contra, aplicando un conjunto de medidas a diseñarse luego de un profundo examen interno y de nuestro entorno, lo que puede hacerse absolviendo ciertas preguntas claves que permitan prever el efecto de la crisis en nuestros negocios.

A este paquete de cuestionamientos se le suele llamar “Test de Vulnerabilidad”, que en la práctica es un rápido y fácil ejercicio corporativo que permite determinar el nivel riesgo de las empresas, y las medidas que deben tomarse para eliminarlo o reducirlo. Un examen de vulnerabilidad contempla dos rubros, los desafíos claves o medios de defensa; y las oportunidades o acciones ofensivas.

En este orden de ideas, los ejecutivos y colaboradores más brillantes de las empresas deberían reunirse para evaluar en forma multidisciplinaria la vulnerabilidad del negocio La absolución de un “set” de preguntas que atraviese el alma de la empresa aseguran que al final del proceso no se subestima ninguna esfera. Sin ánimo de ser comprensivo de la problemática corporativa, a continuación algunas preguntas fundamentales: ¿Hemos identificado nuestra área más vulnerable? ¿Tenemos un plan para protegernos? ¿Tenemos idea de cómo nos afectará la crisis y cómo serán afectados nuestros clientes, proveedores y competidores? ¿Podremos financiar nuestras inversiones? ¿Estamos preparados para negociar con un mercado financiero más exigente? ¿Tenemos capacidad de administrar nuestros costos sin poner en riesgo nuestra sostenibilidad como negocio? ¿Estamos seguros de no tener sobrecostos tributarios? ¿Tenemos bajo control nuestra área de recursos humanos? ¿Podremos seguir captando o reteniendo a los mejores talentos de nuestra industria?

Ahora bien, no se trata de identificar los riesgos únicamente; éste sería un ejercicio corporativo incompleto, que no ayudaría en lo absoluto a definir una estrategia de lucha. Junto a los riesgos de la crisis están nuestras fortalezas y junto a los riesgos también están las oportunidades, que son tan grandes como nuestra creatividad y respuesta.

La crisis, decía Albert Einstein, “es la mejor bendición que le puede suceder a las empresas, porque la crisis trae progresos… quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias violenta su talento y respeta más los problemas que las soluciones. La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia…Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar para superarla”.