Hablando de directores independientes

Diario Gestión
Miguel Puga
Socio de TLS
Mayo 2013

Entre marzo y mayo, las empresas del país aprueban sus estados financieros y las utilidades del ejercicio anterior, declaran su Impuesto a la Renta y, algunas de ellas, revisan lo que ha ocurrido en el año con su Gobierno Corporativo, labor que en gran parte recae en el directorio.

Pero para que esto ocurra en buena forma, a este órgano se le pide, entre otros, que esté conformado, en mayor o menor medida, por ¨directores independientes¨. Suele considerarse como tal a quien fue seleccionado por su prestigio profesional, y que no se encuentra vinculado con la administración de la sociedad, ni con los accionistas principales de aquella.

A la definición anterior incluiría: a) No haber tenido ni ostentar en el presente, vinculación importante con la sociedad, ya sea como empleado, acreedor, deudor, proveedor, consultor con dependencia económica significativa o pariente de algún director; b) Que dicha persona tenga experiencia en otras empresas con actividades semejantes, de manera que su aporte en la dirección y supervisión tenga valor agregado.

Para mantener su independencia, en algunas regulaciones se exige que no ocupe el cargo por más de dos periodos consecutivos.

Los directores independientes tienen como misión, al igual que cualquier director, trabajar en función de los objetivos de la sociedad. Por ello, es probable que al no tener compromisos o vínculos con ningún grupo de poder, tiendan a actuar objetivamente frente a decisiones en las que se contrapongan visiones e intereses, mitigando la concentración de poder.