Durante los últimos años estamos siendo testigos del proceso acelerado de globalización de las actividades económicas y comerciales en el mundo, las economías cada día se integran más y de mejor manera, dirigiéndose a una economía mundial de forma natural y espontánea, acompañado del notable avance tecnológico en los últimos tiempos y que se reflejan en mejoras sustantivas en la eficiencia de las operaciones, optimización de los procesos productivos, rapidez en las comunicaciones, nuevos canales para hacer negocios (e-business), etc.
Esta coyuntura obliga a las empresas a ser más ágiles en los procesos de toma de decisiones, más creativos en la generación de nuevos negocios, mayor agudeza en la comprensión de los nuevos clientes a fin de satisfacer sus necesidades. La rapidez con que se concretan los negocios no permite a las empresas darse el lujo de mantener una actitud pasiva ya que las oportunidades que ofrecen los nuevos mercados serán aprovechados por otros que están preparados para asumir los nuevos retos. Es por ello, que los esfuerzos y recursos de las empresas se priorizan hacia aquellas actividades dirigidas a penetrar nuevos mercados, fidelizar a la cartera de clientes y captar a aquellos no atendidos, desarrollar soluciones atractivas que cubran necesidades del mercado; es decir, la Gerencia tiene su foco principal en el corazón del negocio. Sin embargo, se puede cometer un grave error al no considerar en su real dimensión la importancia que tiene el sistema de control interno dentro del esquema organizacional y en la preparación del planeamiento de la empresa, considerando que su efectividad y valor agregado no se refleja directamente en el incremento de los resultados económicos de la empresa como si lo podría hacer una nueva estrategia de marketing o el desarrollo de mejoras en el producto. El sistema de control interno actúa silenciosamente en la organización y su éxito radica en asegurar una estructura base sólida que permita al área comercial y de negocios desarrollarse dentro de una banda de actuación razonablemente segura para la empresa.
Podemos pensar en la empresa como un auto de fórmula 1 en el que se invierte dinero y tiempo en desarrollo tecnológico de vanguardia, elección de un piloto preparado y experimentado, búsqueda de un sponsor, etc. de manera que se desarrolle totalmente el potencial de la máquina y lograr el objetivo principal que es llegar a la meta en primer lugar. Sin embargo, imaginémonos que el piloto adopte como estrategia para llegar a la meta el pisar el acelerador a fondo durante toda la carrera, seguramente que en la primera curva perdería el control del auto y saldría de la pista descalificado. Sin embargo, si hubiera usado el freno adecuadamente le hubiera permitido vencer el obstáculo y mantenerse firme en la competencia.
En el mundo de los negocios, más aún en el contexto actual, la velocidad pura y a veces desordenada no lleva a conseguir los objetivos estratégicos de la empresa, más bien puede generar riesgos que deben ser minimizados y gestionados mediante un adecuado sistema de control interno, que actúe como un freno dosificador permitiendo de manera ágil vencer esas curvas peligrosas y nos mantenga en carrera hacia el objetivo principal que es llegar a la meta. Muchas veces se confunde a las actividades de control como actividades que le restan dinamismo a los negocios y que tornan burocráticas las operaciones, lo cual no es cierto cuando se ejerce una adecuada gestión del riesgo y se alinea con los objetivos y estrategias de la empresa, de manera conjunta con las distintas áreas del negocio, de forma tal que se convierta en un contrapeso que mantenga el equilibrio entre el vértigo de las áreas comerciales y de marketing por generar nuevos negocios para asegurar el crecimiento económico; y la minimización y/o control de riesgos operativos, comerciales, tributarios, financieros, etc. Dicho equilibrio, incrementará las posibilidades del crecimiento ágil, eficiente y con paso firme y seguro.
Es por todo ello que las actividades de control no aseguran el éxito de los negocios, pero la ausencia de éstos, tarde o temprano llevan al fracaso del mismo.