Buen gobierno corporativo y empresas familiares

Revista Procapitales
Miguel Puga
Socio TLS
Diciembre 2012

La implementación de buenas prácticas de gobierno corporativo en empresas familiares constituye un enorme desafío. En el presente artículo el autor busca brindar una aproximación a la implementación de los principios de buen gobierno corporativo en empresas familiares y analiza la figura del denominado ¨protocolo familiar¨el cual es un documento de naturaleza no societaria que aborda de modo similar los aspectos relacionados con PBGC.

Hace algún tiempo mencionábamos que las empresas familiares eran normalmente las de mayor número en una economía de mercado. Su número depende del mercado en particular al que nos estamos refiriendo, pero con certeza son más de las que pueden considerarse abiertas y, por tanto, cotizar en las bolsas de valores. También señalábamos que era reducido el porcentaje de aquellas que trasciende de la primera a la segunda generación, y más reducido aún el que pasa de la segunda a la tercera y a la cuarta. Ello es así pues suelen presentarse situaciones de diversa índole, tales como que el fundador, a pesar de sus años, no quiera ceder las riendas del negocio, o que lo problemas de la empresa se lleven a la familia y viceversa, o que se contraten recursos para la empresa priorizando lazos familiares antes que aspectos profesionales o técnicos.

Gobierno Corporativo y empresas familiares

La gestión de empresas familiares tiene en esencia una estructura cerrada que la hace algo distante a los intereses de potenciales inversionistas. La aplicación de los principios de buen gobierno corporativo (PBGC) le apareja a este tipo de organizaciones múltiples beneficios relacionados con la posibilidad de incrementar su valor y conseguir más y mejores fuentes de financiamiento en el mercado de capitales. La posibilidad de implementar exitosamente estos PBGC en empresas familiares radica en que estos versan sobre aspectos vinculados tanto a este tipo de empresas como a las llamadas empresas públicas.

En el mundo estos problemas vienen siendo tratados desde hace ya algún tiempo, y en nuestro país es cada vez mayor la preocupación por encontrarles también una solución. Consecuentemente, son varias las familias empresarias que vienen evaluando apoyarse en principios y prácticas de buen gobierno corporativo, así como en la celebración de los denominados ¨protocolos familiares¨, con el afán de procurar la mejor base para que la empresa de la familia pueda seguir siendo eso, a pesar del tiempo.

En cuanto a los principios y prácticas de buen gobierno corporativo, estos resultan de aplicación a cualquier empresa, sean públicas o cerradas, pues versan sobre temas comunes en ambos segmentos. En efecto, los rubros que sueles desarrollarse aquí contemplan: (i) los derechos de los accionistas; (ii) el tratamiento equitativo de los accionistas; (iii) la función de los grupos de interés en el gobierno de las sociedades; (iv) la comunicación y transparencia informativa; (v) las responsabilidades del directorio.

Es más, los Principios de Buen Gobierno para las Sociedades Peruanas, que en el año 2002 fueron publicados por la entonces Comisión Nacional Supervisora de Empresas y Valores (Conasev, hoy Superintendencia del Mercado de Valores- SMV), sobre la base del trabajo de un equipo conformado por varias instituciones públicas y privadas, incluyendo a Procapitales, expresamente señalan en su Título VI, relativo a las sociedades no inscritas en el Registro Público del Mercado de Valores (RPMV), que todos los principios y prácticas contenidas en sus capítulos, en lo pertinente, serán aplicables a las sociedades no inscritas en el RPMV, incluyendo a las sociedades anónimas cerradas; lo que no hace más que corroborar lo dicho.

En la misma línea se expresa el Preámbulo de los Principios de Gobiernos Corporativo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), en su versión del año 2004, donde se señala que ¨no obstante, y en la medida en que resultasen aplicables, podrían constituir también un instrumento muy útil para mejorar el gobierno corporativo en sociedades sin cotización oficial, tales como las empresas de propiedad privada y las empresas de propiedad del Estado.¨

Lo señalado en el párrafo precedente obedece a que los principios y prácticas de buen gobierno corporativo trascienden la mera regulación legal de una sociedad, buscando su institucionalización y profesionalización. En efecto, institucionalizar y profesionalizar las funciones de la junta general de accionistas, el directorio, la gerencia, así como el relacionamiento interno de estos órganos y de aquellos con los grupos de interés es el objetivo fundamental del buen gobierno corporativo.

Pensemos en la confianza que nos genera, a todo nivel, una empresa que cuenta con un reglamento para su junta general de accionistas, donde estos saben que la opinión del minoritario siempre será escuchada; que la información sobre un determinado tema puede solicitarse a una persona de la compañía en particular, y que esta se la proveerá en un plazo breve, preestablecido; que en una junta no se trata como agenda temas genéricos sino específico, que informa sobre cómo han de llevarse a cabo los procesos de votación, sobre las estructuras o convenios de capital que permitan ejercer control; que cuenta con un código de ética que la ayuda a resolver los conflictos de interés que se pudieran presentar; que ha incorporado a sus filas a uno o más directores independientes y cuyo directorio sesiona ciñéndose a un reglamento; que contrata los puestos gerenciales por concurso, eligiendo al mejor de una terna, donde los lazos de familia no son tenidos en consideración; que realiza sus transacciónes a valor de mercado; y que es socialmente responsable.

Una empresa como aquella que describimos, que sigue principios y prácticas de buen gobierno corporativo, difícilmente no estará preparada para enfrentar cualquier situación que se le presente y salir adelante. Este es por ejemplo el caso de aquellas sociedades no listadas que formaron parte del programa desarrollado por la Bolsa de Valores de Lima (BVL) denominado Avanza BVL, entre las que podemos distinguir algunas como 3A SA., Danper Trujillo SAC, o Medrock SAC. Dichas empresas no cotizadas y familiares recibieron una evaluación en materia financiera y de buen gobierno corporativo, y aun cuando ellas todavía no entran al mercado de valores, vienen haciendo grandes esfuerzos pro profesionalizarse y mejorar y reforzar su gobierno corporativo, no solo porque en algún momento futuro pretenden acudir al mercado pro financiamiento o capital, sino porque han identificado ya las ventajas que aporta a la organización de una empresa.

Ahora bien, cuando aspectos del buen gobierno corporativo son llevados al plano no societario sino familiar, buscando institucionalizar y profesionalizar a la familia empresaria, entonces podemos empezar a hablar de los denominados protocolos familiares.

El protocolo familiar

En el Perú, como en muchos otros países, no existe una definición ni regulación legal de lo que es un protocolo familiar, Este es comúnmente entendido como un acuerdo generalmente escrito entre los familiares que regula los principios y valores que guían sus relaciones en el marco de iniciativas de negocio, la propiedad de estos, las diversas relaciones económicas y profesionales que pueden presentarse entre los accionistas, familiares y la propia empresa, así como la forma y mecanismos para resolver los conflictos de interés que pudieran surgir. Su carácter puede ser moral, legal o una combinación de aquellos, y ha de ser siempre un instrumento vivo, es decir, susceptible de actualizarse, reglamentarse e irse mejorando con el tiempo.

Pero la elaboración de uno de estos instrumentos no es un tema sencillo; todo lo contrario, ya que requiere de un apoyo importante, pues un protocolo familiar es como un traje hecho a medida, le queda bien a la familia para la que se hizo y durante un periodo determinado de tiempo. Solo pensemos en algunos temas que podrían resultar relacionados con su elaboración: las pretensiones del fundado, las pretensiones de los miembros de la familia a las que resultará aplicable y sus vinculados, la asamblea y/o el consejo de familia, las formalidades para que estos órganos familiares operen, aspectos legales propios de los contratos (pues se trata de un acuerdo de voluntades), aspectos relativos a valorizaciones, a los derechos de la familia, los derechos de sucesión, los derechos de representación, políticas para la contratación de familiares que trasciendan en el ámbito de una sola empresa, los impuestos que podrían derivar de ciertas obligaciones que en el protocolo se contemplen, los mecanismos judiciales o alternativos para dirimir conflictos de intereses o la adecuada interpretación del protocolo, entre otros.

Un tema fundamental, que no debe dejar de considerarse, es cuán dispuesta a conciliar está la familia cuando decide organizarse para la elaboración de un protocolo. Los consensos son los únicos puntos que se podrán trabajar, pues si no hay acuerdo, no hay protocolo. Y esto último tiene que quedar claro en todo momento. Al respecto, cabe destacar en primer lugar que un protocolo debe instrumentalizarse cuando la familia goza de buena salud; nos resulta posible llegar a consensos válidos cuando aquella se encuentra en conflicto. Asimismo, recordemos el traje a medida: existen protocolos excepcionales, redactados por profesionales brillantes, pero que han caído en el olvido por parte de la familia, y es que si bien los alcances del mismo pueden ser impecables, no se ajustan a la realidad familiar. En estos casos es mejor redactar instrumentos intermedios, como políticas (de contratación de familiares, de elección y funcionamiento del directorio, etc.) o modificaciones estatutarias antes que invertir tiempo y recursos en un protocolo.

En línea con lo dicho, téngase presente que el protocolo es un instrumento familiar y, por tanto, no debe ser confundido con un pacto de accionistas, pues en estricto se aplicaría a los negocios de una familia, independientemente de si se llevan a cabo a través de una o más empresas o sociedades.

Así pues, tanto si nos referimos a la institucionalización y profesionalización de determinadas empresas, como si lo hacemos respecto de familiar empresarias, el buen gobierno corporativo se torna en un punto de partida excepcional, en el que unas y otras, de ser consultadas, pueden testimoniar los beneficios que han obtenido por su aplicación. El único problema que puede presentar es que realmente demanda tiempo para su implementación y seguimiento, tiempo que a veces, para quien no se detiene a meditar, no es visto como una inversión, sino como un gasto.