Best Practices y su contribución a la generación de valor

Operar en un mercado competitivo, ahora cada vez más globalizado y altamente expuesto a los altibajos de la economía mundial, exige la búsqueda permanente y obtención de eficiencia en todos los aspectos operativos del negocio. Pero, ¿qué tan cerca o alejados estamos de lograr altos estándares de eficiencia que quizás otras organizaciones ya alcanzaron?, ¿En qué procesos de nuestro negocio creemos tener ventajas competitivas? ¿Estamos haciendo lo correcto en los aspectos clave del negocio?

Tener un marco de referencia de cuáles son las “best practices” o mejores prácticas y los indicadores de desempeño en cada uno de los procesos de negocio resulta útil pero a la vez necesario. Si bien no hay una fórmula infalible para alcanzar el tan esperado éxito, la combinación de factores internos y externos nos lleva a la reflexión de qué tan competitivos venimos siendo o qué tan dispuestos estamos en descubrir o recorrer caminos ya logrados por otros y que hoy constituyen el benchmark.

Estos temas nos podrían llevar a replantear la estrategia del negocio, adoptando medidas que van desde establecer joint ventures, alianzas, adquisiciones, fusiones, integración de nuestros procesos core, outsourcing, entre otras modalidades, todas ellas orientadas a lograr maximizar la generación de valor. El integrar lo que mejor sabemos hacer, adoptar lo ya logrado por otras organizaciones de similares características o complementarlo con procesos especializados eficientes pareciera ser el camino a seguir.

Es posible comparar indicadores de desempeño de una diversidad de aspectos de la organización frente a los resultados que arrojan las mejores prácticas en empresas de similar actividad económica y envergadura, sin embargo, ello resulta irrelevante si no lo hacemos en aquellos aspectos clave del negocio. El análisis de Información respecto a calidad, tiempo, costo y controles en dichos aspectos clave nos debería llevar a cuestionar lo que venimos haciendo y a identificar todo aquel factor que influye directa o indirectamente en su ejecución. Tener como referencia los mejores indicadores: del tiempo que toma en planta el cambio de prensas de estampado de un modelo a otro, el costo de empaque para los productos a granel, el tiempo de traslado de un lote de producción desde planta hasta el consumidor final, el costo de procesamiento de las órdenes de compra, el tiempo que demanda el abastecimiento de combustible en las unidades de transporte y carga, el porcentaje de overhead respecto a las ventas, los niveles de mermas y desperdicios en cada etapa del proceso productivo, son simples ejemplos de indicadores cuyos resultados pueden ser alcanzados y marcan la pauta de qué tan competitivos venimos siendo en el mercado.

Las mejores prácticas de la industria no son la respuesta a un problema de negocios. En lugar de ello, constituyen una fuente de inspiración a la creatividad para mejorar nuestra performance y generación de valor. Tomando a las mejores prácticas operativas que negocios de similares características han alcanzado, las empresas tendrán un punto de referencia válido para ir incrementando su eficiencia de manera sustancial, dando lugar a mejoras en aspectos de calidad, costo, rendimiento, servicio e imagen.

Cuánto estamos dispuestos a invertir para alcanzar esos niveles de performance, qué impacto tendrán en el valor del negocio y cómo posiciona a la empresa en un mercado cada vez más competitivo, son interrogantes que con mayor frecuencia los directivos se vienen haciendo y más ahora, en un contexto económico difícil pero con innumerables oportunidades.

Luis Chang
Socio Advisory
PricewaterhouseCooper