Las grandes empresas de EE.UU. pierden hasta US$ 100 millones al año por espionaje industrial
Diario Financiero, lunes 26 de octubre de 2009
Página 15
Periodista: Paula Namur Yunis
En el último mes las automotrices Fiat y Ford se han visto afectadas por brechas de seguridad.
Aunque típicamente son los propios empleados los que venden secretos de una firma, algunos casos incluyen hurgar la basura del rival.
Cuando en 2006 tres empleados de Coca-Cola robaron la valiosa fórmula secreta de la popular bebida para intentar vendérsela a Pepsi, su principal rival denunció el hecho a la justicia y evitó el robo. Sin embargo, no todos los casos de espionaje industrial terminan bien, y las principales empresas en EE.UU. estarían perdiendo US$ 100 millones anuales por el robo de información confidencial.
La semana pasada, la automotriz de Hong Kong GreatWall Motor demandó a Fiat por espionaje en su centro de investigación y por haber tomado fotografías del utilitario Peri, un modelo parecido al Panda que está en desarrollo. La acusación fue una vuelta de mano a la demanda que en 2007 presentó Fiat contra la firma china por vulnerar la propiedad intelectual del Panda con una copia denominada Peri. La corte de Turín falló a favor de la italiana y prohibió la venta del Peri en Europa.
Otra automotriz que sería víctima de espionaje industrial es Ford. El 13 de octubre fue detenido en Estados Unidos el ex trabajador de Ford, Xiang Dong Yu, de origen chino, acusado de robar secretos comerciales relacionados al montaje de motores, transmisiones, sistemas eléctricos y carrocería. Yu, quien trabajó como ingeniero de productos de Ford hasta 2007, copió 4.000 documentos secretos, y luego intentó utilizar esa información para obtener un empleo en China. Por el contrario, las mayores automotrices chinas están buscando acceso a la tecnología de empresas extranjeras a través de adquisiciones de compañías extranjeras.
Leyes contra el espionaje
Una encuesta realizada por PricewaterhouseCoopers y la Sociedad estadounidense de Seguridad Industrial reveló que las mil mayores empresas de EE.UU. listadas en el ranking Fortune perdieron US$ 59 mil millones en 2002 debido al robo de su información. Aunque el estudio no se ha actualizado, un cálculo estimativo señala que las pérdidas ascienden actualmente a US$ 100 millones anuales. La legislación en ese país data de 1996, cuando el presidente Bill Clinton, firmó la Ley de Espionaje Económico, que terminó con dos años de esfuerzos del FBI y profesionales de la industria para perseguir a quienes realizaran espionaje para el robo de secretos comerciales.
China, por su parte, no cuenta con una legislación al respecto. Uno de los últimos casos en que ha sido víctima se dio a conocer en agosto, cuando la agencia china para la protección de secretos de Estado acusó al grupo minero angloaustraliano Rio Tinto de robar secretos comerciales sobre la industria siderúrgica del gigante asiático durante seis años, lo que le habría supuesto 700 mil millones de yuanes (US$ 102 mil millones) en costos adicionales que el gobierno chino pagó a Rio Tinto a la hora de comprar el mineral de hierro.
Buceando en la basura
Según un reporte de Business Week en 2001, muchas empresas estadounidenses gastan hasta US$ 1 millón anual rastreando a sus competidores, una cifra que va en crecimiento sobre todo en momentos en que 70% del valor de una empresa reside en su información.
Tradicionalmente el espionaje se da a través de los mismos empleados de la compañía afectada, como el caso de un científico de la firma química DuPont, que robó secretos de la compañía valorados en US$ 400 millones para venderlos a su rival Victrex, o el caso del gerente de marcas de lujo de Hoteles Hilton, que fue despedido luego que su anterior empleador, Starwood Hotels presentara una demanda en su contra por el robo de 100 mil archivos confidenciales.
Sin embargo, hay técnicas más elaboradas. En 2001, Procter & Gamble, una de las mayores empresas de productos de consumo del mundo, reconoció haber realizado una operación secreta a cargo del experto en inteligencia de Vietnam, John Nolan, para descubrir los secretos de exitosos productos capilares de su rival Unilever. La operación, que inicialmente fue encubierta por los propios ejecutivos de la compañía, incluyó “buceo en la basura”, práctica que consiste en revisar la basura en busca de información. Pero no ha sido la única que lo ha hecho. Otro caso emblemático fue el de Oracle que utilizó esta técnica para intentar obtener los secretos corporativos de Microsoft. El uso de esta estrategia fue considerado legítimo por el director ejecutivo Larry Ellison.
P&G y Oracle son dos empresas que, en el pasado, reconocieron haber registrado la basura de su competencia.