Nuestra carga tributaria y los cambios externos

Ernesto Ríos

Fecha: 11-10-2017
Medio: Pulso

Roberto Carlos Rivas, socio área Legal y Tributaria, PwC Chile.

En 2016, únicamente nuestro país y Eslovenia subieron los impuestos de las empresas

El reciente reporte de impuestos corporativos de la OCDE ubicó a Chile en el primer puesto del ranking de recaudación fiscal por esta vía como porcentaje del PIB, llegando a cerca del 5%. Lo situó también como una de las naciones que, contra la tendencia de los países de este grupo, ha subido sus tasas impositivas. De hecho, en 2016, únicamente nuestro país y Eslovenia subieron los impuestos de las empresas.

En respuesta a la baja inversión y también como una herramienta para impulsar sus planes de desarrollo, los países exportadores de capital han disminuido progresivamente sus impuestos corporativos. Es así como a 2016 la tasa promedio llegó a 24,7%, mientras que Chile alcanzará el 27% en régimen semi integrado y 25% en sistema atribuido en 2018. Asimismo, ya sea por los cambios de nuestra regulación o por la incorporación progresiva de nuevos compromisos en el marco de acuerdos internacionales, de manera sucesiva Chile ha incorporado nuevas exigencias, particularmente relevantes para empresas transnacionales: hay declaraciones juradas que fueron unificadas, otras que se sumaron y, en general, en materia de fiscalización internacional el levantamiento de datos abarca un espectro amplio y muchas veces complejo de cumplir. Es así como por ejemplo, en 2016, de acuerdo a información del SII, el fisco obtuvo una mayor recaudación por más de $6.700 millones a través de la revisión a contribuyentes con establecimientos permanentes en el exterior, en países con nula o baja tributación.

Sumado a lo anterior, los recientes anuncios en materia de reforma tributaria de la administración Donald J. Trump incentivarán a las multinacionales americanas a tomar acciones concretas con miras a repatriar rentabilidades que hoy día se sitúan o devengan fuera de Estados Unidos, como en Chile por ejemplo, ya sea a través del mero reparto de utilidades desde Chile hacia dicho país o, alternativamente, a través del incremento de transacciones entre empresas relacionadas con miras a generar un desmedro de las utilidades afectas a Impuesto a la Renta en nuestro país. Todo ello dado que, paradójicamente, Chile pasaría a tener una carga tributaria, en materia de Impuesto a la Renta, mayor que Estados Unidos.

Si lo anterior finalmente se convierte en realidad, nuestro país, como tantas otras jurisdicciones en similar situación, deberá plantearse la necesidad de tomar decisiones estratégicas en materia de Impuesto a la Renta. O bien introduce cambios que permitan reducir su carga tributaria a las empresas, en línea con la tendencia de aquellos países líderes globales, o bien incrementa la eficiencia, control y sofisticación de nuestras medidas legales internas de fiscalización a las transacciones entre empresas relacionadas dentro de un grupo multinacional, como ser las normas de precios de transferencia.

 

Cuando nuestro premio nacional de Arte Israel Roa retrató en su pintura "18 de septiembre" la celebración popular de esta fiesta, nos transmitió, como buen exponente del expresionismo, una sensación de desenfado, despreocupación y alegría.

Lo cierto es que sumado a todo el contenido que ya tiene esta celebración y del cual en parte se hace cargo nuestro pintor, debe sumársele su gran significación tributaria y su importante efecto recaudatorio.

Mayor tributación a la renta por los aguinaldos y los infaltables gastos rechazados, porque las celebraciones no generan renta sino para el erario. Mayor recaudación de IVA por el incremento del consumo desde los volantines, la ropa huasa, la carne y las empanadas, y del impuesto a las bebidas que grava al pisco, al pipeño, a la chicha y a la granadina.

Así las cosas, solo falta una cueca que celebre y engalane la fiesta del fisco.

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