La migración como una oportunidad económica y un honor que nos elijan

Ernesto Ríos

Fecha: 04-10-2017
Medio: El Mostrador

Gabriel Halpern Mager, Abogado y Especialista Senior de Servicios Laborales en PwC Chile.

Si bien el tema migratorio se ha politizado, lo ha hecho en muchas ocasiones –lamentablemente– por razones xenófobas o, simplemente, populistas, mientras que debería tratarse como una oportunidad, como una herramienta para alcanzar mayores niveles de desarrollo y mejor calidad de vida. Ante este escenario, es un deber destacar otra estadística bastante singular de nuestro país: la densidad poblacional en la Región Metropolitana de Santiago alcanza casi las 475 personas por kilómetro cuadrado. Pero, en la Región de Aysén, no llega a 1 persona por kilómetro cuadrado; en la Región de Magallanes y Antártica chilena, también roza 1 persona en la misma medida; y en la Región de Coquimbo, no supera las 19 personas, también en la misma unidad de medición. ¿Por qué estos números no se incluyen en el debate político concerniente a este tema?

En los últimos días, mucho se ha dicho sobre el fenómeno migratorio made in Chile: desde que se trata de una consagración y respeto a derechos humanos, hasta que responde a una necesidad de garantizar el orden y la seguridad del país.

Si bien se trata de una situación compleja, que desde luego tiene varias directrices e interpretaciones, existe una ausencia en la discusión pública sobre otra acepción de este fenómeno: se trata de una oportunidad y un honor –o privilegios– históricos.

Sin perjuicio de que la población de nuestro país ha aumentado sostenidamente desde su fundación (según el censo del año 2002, ese año había casi 15 millones de personas viviendo en Chile, mientras que hoy supera los 17 millones), en comparación sigue siendo excesivamente baja. Por ejemplo, la densidad poblacional en nuestro país es de casi 23 personas viviendo por kilómetro cuadrado, muy lejos de las casi 103 personas que en igual promedio habitan en Francia, 262 del Reino Unido, 342 de Bélgica, o de las 492 de Corea del Sur.

Así, no quedan dudas de que la hipótesis de no haber espacio suficiente en el país para acoger a inmigrantes, es falsa. Asimismo ha de descartarse la teoría de que no existen suficientes empleos, ya que en el mes de agosto de 2017 la tasa de cesantía alcanzó un 6,6%, mientras que a mediados del año 2009 se encontraba cerca del 12%. ¿No existen suficientes puestos de trabajo para todos? En ese caso, ¿cómo explica que la mitad de los desempleados de hace 8 años, tiempo en que el fenómeno migratorio de hoy era una situación impensada, actualmente trabaja? O, por otro lado, ¿cómo justificaría que en agosto de 2014, cuándo tampoco existía este boom migratorio, la tasa de desocupación alcanzó el 6,7%?

¿Entonces?

Entre muchos beneficios que acarrea un boom migratorio, podemos destacar lo siguiente: significa que existen más personas dispuestas a trabajar, habrá más profesionales en el país, la población se rejuvenecerá, se enriquecerá la cultura local con visiones internacionales y, pese a que no constituye una ventaja ponderable, consagrará al país como referente. Asimismo, confirma la hipótesis de que este es un país que acoge a personas que lo necesitan, que, efectivamente, actúa como un “asilo contra la opresión” (cualquiera esta sea).

¿Qué mensaje se desprende del hecho de que una persona, en situación de necesidad, elija a Chile como destino para relanzar su vida?, ¿cómo es que una persona, teniendo todo el mundo como una posibilidad, selecciona a este angosto y largo país para dar un paso importantísimo en su vida?

Si bien el tema migratorio se ha politizado, lo ha hecho en muchas ocasiones –lamentablemente– por razones xenófobas o, simplemente, populistas, mientras que debería tratarse como una oportunidad, como una herramienta para alcanzar mayores niveles de desarrollo y mejor calidad de vida.

Ante este escenario, es un deber destacar otra estadística bastante singular de nuestro país: la densidad poblacional en la Región Metropolitana de Santiago alcanza casi las 475 personas por kilómetro cuadrado. Pero, en la Región de Aysén, no llega a 1 persona por kilómetro cuadrado; en la Región de Magallanes y Antártica chilena, también roza 1 persona en la misma medida; y en la Región de Coquimbo, no supera las 19 personas, también en la misma unidad de medición. ¿Por qué estos números no se incluyen en el debate político concerniente a este tema?

De esta forma, no me quedan dudas de que el fenómeno migratorio debería –también– ser tratado como una herramienta o una oportunidad y, sobre todo, como un enorme honor para este país.

 

 

Cuando nuestro premio nacional de Arte Israel Roa retrató en su pintura "18 de septiembre" la celebración popular de esta fiesta, nos transmitió, como buen exponente del expresionismo, una sensación de desenfado, despreocupación y alegría.

Lo cierto es que sumado a todo el contenido que ya tiene esta celebración y del cual en parte se hace cargo nuestro pintor, debe sumársele su gran significación tributaria y su importante efecto recaudatorio.

Mayor tributación a la renta por los aguinaldos y los infaltables gastos rechazados, porque las celebraciones no generan renta sino para el erario. Mayor recaudación de IVA por el incremento del consumo desde los volantines, la ropa huasa, la carne y las empanadas, y del impuesto a las bebidas que grava al pisco, al pipeño, a la chicha y a la granadina.

Así las cosas, solo falta una cueca que celebre y engalane la fiesta del fisco.

Contact us

Marketing y Comunicaciones

Email